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12 motejar ni tanto así. Precisamente á las diez le tiene usted en la cama; 1. agua de Seltz, y en jamás se h a visto i m. y hace una porción de gansadas, no logrando más efecto que el que un espectador de buena fe diga: ¿Pero cómo no estará ya en el penal deOcaña este hombre? lyOs amigos de los torér. os. Ueyan más allá su entusiasmo por el admirado, no, contentándose con celebrar sus triunfos, sino que hasta le dan consejos para que quede superiormente ante los ojos de las multitudes. -Mira, Anafre, tú lo que debes hacer con el berrendo ese de esta tarde es dejarte encunar, para que los sinvergüenzas partidarios del Candelero Chico vean lo que tú eres. Ya lo creo que lo ven! Porque el berrendo me saca hasta el redaño. ¿Es que vas á tener miedo? ¿Quiere callarse? ¡Si ya sabe usted que yo con los toros hasta juego al mus! -Pues ahí duele, que tú, hoy por hoj eres el Kaiser de la tauromaquia. Claro está que luego en la plaza la lidia no se desliza á gusto del Anafre y de sus amigos, los cuales tratan de disculparle, echando la culpa al toro. ¡Pillo! ¡Sinvergüenza! ¡I adrón! -Hombre, eso no. Podrá usted decir que el muchacho está desgraciado ante ese asesino; pero de su vida u- usted lo que le digo? ¡Que preferiría i. h iiul i i i- itiado m. ejor amatar, aunque estuviese 1 n 1.1 n p 1 lies juzgados! S 1 1 in 1 I lero ó incondicional segundo de un poliuco, de un córnico ó de un torero trae aparejadouí a porción de sinsabores y disgustos, que no compensan las alegrías de tutear al artista, de darle golpecitos en el hombro ó de beber en el mismo bock de cerveza que él. ¿Qué es eso, D. Olegario? Trae usted una cara más triste que un gabán deslucido. ¡Si tengo un disgunto horrible! ¿Sabe usted h. que le ha pasado al Melocotón Chico en Alcobendas? ¡Que le han mondado! ¡Que le han echado un toro al corral! ¡Como si nofuera uno de los diestros de más vergüenza! ¡Caray, D. Olegario! Es que se puede tener mucha vergüenza, y no saber dar un volapié. y c- amo el hombre del disgusto tiene que desahogar su rabia con alguien, apenas entra en su casa, se pelea con su señora, pega al niño y está á punto de despedir á la criada, por todo lo cual la familia pasa unos días terribles cada vez que sale á torear el Melocotón Chico. No hace mucho que entré en una de estas casas, y me extrañé al ver dos velas encendidas ante un San Antonio. ¿Qué? ¿Hay alguien enisrmo? -No, señor; es que el Bicarbonato torea en Pozuelo, y le estamos pidiendo alsanto que haga por que quede mejor que el propio Guerrita. ¡lyos incondicionales son atroces... A. R. BONNAT. DIBUJOS DE MJ 50I. VA V RA