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ESCENAS PARISIENSES D ÉPÉTITION GENÉRALE Los grandes autores se disputan los carteles de París de Noviembre á Marzo. Un autor eminente no consentirá que sus obras se estrenen antes ni después. ¿Es que la utilidad es maj- or? No... Es sencillamente que la season parisina está encerrada en esos cuatro meses escasos. De Noviembre á Marzo está en París todo el mundo que brilla, que figura, que supone algo, y este mundo es el que con su presencia sanciona los nombres y las obras. Una yr íítów? ¡j í; ff ra í verdaderamente V, í, verdaderamente parisién na de celebrarse en esta época, pero, ¡ay, amados currinches! para conquistar el cartel de uno de los teatros del bulevar en Noviembre, Diciembre. Enero ó Febrero, hace falta haber ingresado en la Academia ó estar en turno para entrar. La critica parisina, todo el año benévola con exceso, se agria en este lapso de tiempo y desmenuza las obras, pénelas reparos, se hace exigente y á veces agresiva. Y esto es, sin duda, lo que atrae al autor, lo que le hace la victoria más agradable, más firme, más completa. A Mauricio Donnaj- que ahora acaba de triunfar en el Vaudeville y que ha sido la taza de chocolate donde la mayor parte de los autores contemporáneos han mojado su soponcito correspondiente, le tumbaron una obra á la décimanovena representación. ¡Y cuántas obras que no pueden compararse con L Afranchia han celebrado la alegre cena del centenario! Ua sala de uno de estos teatros en noche de repeliíion genérale es algo que no puede imaginarse no habiéndolo visto una vez siquiera. El público llega con puntualidad cronométrica, y ocupa. slJs localidades silencioso. En todo el teatro no hay más que nubes de gasas, de encajes y de plumas, y, rompiendo la tonalidad suave de los colores, aquí y allá, las manchas negras de o fracs, las manchas blancas de las pecheras resplandecientes. Este público viene á escuchar la obra, á juzgarla, según su leal saber y entender. En los entreactos no herirán vuestros oídos las conversaciones en voz alta, ni las disputas, ni las discusiones en pro y en contra de la obra estrenada. Esto es de mal gusto. Los críticos no se reúnen en conciliábulo para sorprenderse los unos á los otros y, en ocasiones, para ponerse tácitamente de acuerdo. Y el entreacto transcurre plácido y tranquilo para el espectador, que medita sobre lo que acaba de ver y trata de adivinar el probable desenlace de la comedia, mientras aspira con fruición el suave perfume extendido por toda la sala. Pero estas fiestas de arte concluyen fríamente, porque, en efecto, no acaban de satisfacer los aplausos que el público tributa á los artistas al final de un éxito. La presencia del autor en la escena parece que redondea más el triunfo, y en París los autores se sacrifican voluntariamente y no salen, aunque bien quisieran. ¿Por qué? MU 3 sencillo... Porque son más las obras que pasan que las obras que triunfan, y aquí la presencia del autor no sería consentida más que cuando la obra estrenada la justificara. Bastaría decir al día siguiente que el autor no había salido á las tablas para que el público supiera á qué atenerse. De aquí la re solución de los autores franceses de no presentarse en el proscenio. De este modo todas las obras son recibidas lo mismo al final, y para la gente que no asistió á la repetilion genérale ni á la premiére, queda siempre la duda y va á ver la comedia. En los autores franceses, el sentido práctico triunfa sobre la vanidad. B u l o s autores españoles, la vanidad triunfa sobre el espíritu práctico. Como si después de escribir una piécecita los fueran á erigir una estatua, JOSÉ JUAN CADENAS.