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mESA RLVUELTA oERPlENTE DE DOS Además de la celebérrima serCABEZAS píente de mar, tenemos ya la de dos cabezas, y lo más extraño es que el i. nacional descubrimiento no se ha hecho en América. iva en las selvas africanas. Unas veces toma el animal io la forma de una Y; otras, la de una T, y lo más notable es que cada cabeza tiene una voluntad, y como no siompre están de acuerdo, se encuentran en gravísimos conflictos. E s la segunda edición del asno de Buridau. Sdb do es que Buiidau sostenía que un asno que tuviese exactamente la misma cantidad de hambre que de se que estuviese colocado entre dos cubos, uno lleno d j pienso y otro de agua, á igual distancia uno que oíro, se dejaría morir de hambre y de sed, por no tener motivo determinante ninguno para empezar antes á beber que á comer, ó viceversa. 1 OS BILLETES DE BANCO Un profesor de bacteriolo Y LOS MICROBIOS fí de la Universidad de Jate, se ha dedicado a recoger los billetes de Banco más viejos y usados para examinar el grado de pelig. ro que ofrecen desde el punto de vista micróbico. Afortunadamente, el peligro es mucho menor de lo que podía suponerse. Ha encontrado 142.000 microbios como término medio, y habiendo practicado inoculaciones en conejos de Indias, se ha visto que eran inofensivos. Hasta los de la difteria y los de la tuberculosis habían perdido su virulencia. El profesor explica el hecho por la influencia de la tinta empleada y también por la costiriubre de tener los billetes en sitios secos por temor á ti. i deterioro. El microbio, sin humedad, dicen que es un pobre diablo que no tiene poder alguno. I o más curioso es que los billetes flamantes son más peligrosos que los viejos. En los nuevos se encontraron 405.000 microbios. Sin duda, la tinta y la sequedad no habían tenido tiempo todavía para producir su saludable efecto. pNGAÑAR CON LA VERDAD Ambrosio Spínola, el fa moso caudillo español, al pasar por París en 1664, fué invitado á comer con el rey Enrique IV. Al fin de la comida el monarca le preguntó particularmente cuál era su plan en la campaña que iba á emprender. Spínola le expuso fielmente todos sus proyectos. Enrique IV, que se interesaba por los holandeses, escribió al príncipe de Orange lo que había averiguado, diciéndole que tomase al revés cuanto había dicho el capitán español, pues no era verosímil que le hubiera confiado sus planes de buena fe. Spínola hizo todo lo que había dicho, por la misma razón de qu- e no esperaba ser creído. PEMEDIO URGENTE Presentóse al re. y Enrique IV un oficial solicitando en u n memorial un socorro por haber recibido gran número de heridas sirviéndole. Leyó el Rey el memorial, y contestó: -Veremos. -De V. M. depende ver ahora mismo- -replicó. Y abriendo su ropilla y su camisa, y enseñando sus cicatrices, de que estaba cubierto, añadió: -Mirad y veréis. Jugando un día Luis XIV al trie trac hizo una jugada dudosa. Se descubrió, y los cortesanos guardaban silenoio. Llegó entonces el conde Grammont, y el Rey le dijo: -Vais á juzgarnos. -V. M. ha perdido- -respondió el conde. ¿Cómo resolvéis, sin saber antes de qué se trata? -le dijo el Rey. ¡Ah, señor! -contestó el conde. ¿No ve V. M. que por poco dudosa que fuera la jugada, todos estos señores hubieran fallado á vuestro favor? uNA JUGADA DUDOSA ANÉCDOTAS En la de la InuN AMERICANO FANFARRÓN viendo guerra deingleses dependencia los Estados Unidos, un americano á seis separados de su batallón, tuvo la audacia de correr hacia ellos y la fortuna de herir á dos, desarmar á los otros y llevarlos ante el general Washington. Este le preguntó cómo había podido arreglárselas para apoderarse de seis hombres, y el amerieano respondió con la mayor frescura: -En cuanto los vi solos... fui y los cerqué. I OS PUERCOS DEL DUQUE Tenía el duque de Pem DE PEMBROKE X. posesión de Witshire gran numero de cerdos, y un día, al atravesar el corral, quedó sorprendido al verlos alrededor de un pilón haciendo un ruido espantoso. La curiosidad le llevó á examinar la causa, y al acercarse vio que había dejado caer la cocinera una cuchara de plata en el pilón. En aquel momento llegaba la sirviente asombrada de aquellos estrepitosos gruñidos. -Tiene usted la culpa- -la dijo el duque. -Hacen leien en gruñir los pobres animales, porque no les ha dado usted más que una cuchara para todos. Este monarca, quien A GESILAO, REY DE ESPARTA sus expedicionesá milita res dieron celebridad, era lo que se llama un padrazo, y uno de sus mayores placeres consistía en jugar con sus hijos. Una vez que estaba corriendo por la estancia llevando á caballo á uno de sus hijos, entró un amigo y se sorprendió al ver la escena. -Amigo mío- -le dijo el rey sonriendo, -nó cuentes. CHISTES Y CARICATURAS á nadie lo que has visto hasta que seas padie como yo. UNA PEQUENEZ- ¿Usted es el bárbaro que me ha destrozado el neumático? ¡Rediez, destrozar! ¡Y sólo hi cortau un piacico así pa hacer una pelota!