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nía Sü figura pinturera, alargaba los brazos, colgaba en ellos los repletos platillos, y tiraba calle arriba con más tuiedo que una novicia en un claustro obscuro. Sus inseguros pasos retumbaban estrepitosamente en la calle desierta, y á medida que se alejaba del puestecillo, sentía que aumentaban el temblor de sus piernas y la terrible angustia de su pecho. ¡Cámara! -pensaba Joselito. -I, a verdá es que no están los ánimos como pa que uno se arranque pregonando tomates; pero, en fin, conviene dar gusto á la vieja y conviene que vea toíto er mundo que lo que á mí me sobran son quintales de ríñones. Y al llegar a l a próxima esquina, se detuvo, üumedeció sus labios, chasqueó la lengua contra el paladar, tragó un poquillo de saliva amarga y pregonó con voz cadenciosa: ¡Niñas! ¡Tomates á ocho cuartos! Una mijita caros me paresen- -añadió para su capote; -pero er que quiera come tomates tiene que pagarlos á ess presio. ¡Que se va er tío, niñas! ¡Tomates á ocho cuartos! Ni siquiera el eco contestó á su pregón repetido; levantó los ojos, miró á balcones y ventanas y ni un visillo se movía tras las cerradas cristaleras. -Po sí que estoy hasiendo un papelíto desente. Y cada vez con mayor recelo siguió su camino can turreando siempre el consabido pregón de ¡tomates á ocho cuartos! Cerca de la calle Larga se detuvo casi sin alientos; un hombre se acercaba á carrera abierta. ¡IVIardita sea... Ya se armó- -pensó Joselito ten blando como un azogado. ¡Caya! Pero si es er sen Manué. ¡Eh! ¡Señó Manuel- ¿üres tú, Joselito. Pero criatura, ite ha, s güert loco? ¿Pasa argo, señó Manué? -Pos pasa que dentro de una hora no quean de Puerto ni los escombros. ¡Chavó! -Como lo 03 es; por la carretera vienen las tropas y está er mueye que es un jerviero de republicano: en mita der puente se va á da la bataya. -iJosú! -Yo voy corriendo á echarle una mijiya de arpist á los dos canarios que tengo y á desirle á mi muj que í 3i oye mío que no se asuste, que son tiros. Y se alejó más que de prisa. Joselito el Valieni quedó en una pieza. ¡Ni los escombros! ¡Mardesía revolución! ¿CóiU vuelvo yo ar puesto sin vendé arguna cosa? Y casi apoyándose en el quicio de wna puerta cer cana, gritó con voz destempladísima: ¡Niñas! ¡Tomates á cuatro cuartos! Un balcón se abrió chirriando. -Joselito- -preguntó á mádia voz una vieja de la bios temblorosos, ¿es verdá que vienen tropas? -Es verdá. ¿Y es verdá que traen cañones? ¿Cañones... ¡Cañones. ¡Niñas! ¡Tomates á do: cuartos! Y echó casi á correr en dirección á su casa, repitiendo á cada seis pasos: ¡Tomates á dos cuartos! Poco trecho había recorrido cuando se oyó una descarga cerrada. Joselito se paró en firme, sintió correr por sus venas el frío de la muerte, miró á todas partes con ojos de estupor, alargó los brazos como si demandara auxilio y cortó en seco el pregón comenzado. ¡Tomates... Una nueva descarg de fusilería atronó los aires. ¡Tomates, á j jaser gárgaras Y Joselito el Valiente arr jó al suelo tomates y platillo. y... todavía está corriendo PEDRO MUÑOZ SECA. íXf t ¿iq M. é í w i-