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Hoy es distinto. H o y en dos horas queda un hogar esterado. A las ocho de la mañana llegan á la casa unos hombretones afeitados de cara, ariscos de trato, hablando valenciano por lo bajo y provistos de unas enormes agujas curvas y de un saquito fabricado con un trozo de alfombra. S; n un momento cortan el género tendidos en el suelo, cosen rápidamente las costuras, empiezan luego á dar patadas á la estera, que sujetan con una mano, y con cuatro clavos bien martillados... asunto concluido... Yo recuerdo que en mi niñez y en mi casa los días de estero eran varios. Toda la familia tomábamos parte en la faena. Mi madre dirigía la operación, en traje adecuado y con un pañuelo en la cabeza. Jas criadas cosían con tramilla los espesos bordes de las esteras, y los chicos paseábamos sobre ellas arrastrando con nuestros pies hacia las orillfis los pliegues y arrugas que la alfombra formaba. Hoy todo esto ha desaparecido. En algunos modestos hogares quizá tal trabajo subsista; pero la burgue. sa clase media se ha emancipado de esta labor con sólo la frase de metro colocado que hoy invariablemente acompaña á) a que indica el precio de cordeliüos y abacás. Claro que son muchos y muy distintos los procedimientos de verificar el estero. Familias hay que encargan sus tapices a l a Real Fábrica, y los piden con sus cifras y escudos bordados en la trama. Alfombrar de este modo es de una comodidad encantadora y de una factura aún mucho vazs, enca? itadora. Pero por regla general estas cosas del esterado no se hacen con tanto lujo. Si queréis representaros e a una sola casa de cuatro pisos toda la historia de esta operación, podéis hacerlo. Los inquilinos del prit? ier piso procederán á grande. Sobre los suelos de madera de sus hab. taoiones tenderán tapices de alia- lana y ricas alfombras cuadradas. IYOS del priiicipal darán orden á sus criados de que avisen al almacén para que vengan á colocar las alfombras ñoritos. que dejaron escogidas los se- Los habitantes del segundo presenciarán ellos niismos todas las operaciones del colocado pues de ese modo no tiran de lc i go los encargados de cortar las piezas de estera. Los inquilinos de los terceros (los terceros son ya dos, derecha é izquierda) se esterarán ellos solitos, y después de una fantástica serie de operaciones de ajuste, parte de la asa... Y los infelices de las buhardillas pedirán á loa del segundo (los del primero y los del principal no son muy generosos) un trozo ó retal de las esteras quitadas, y con estos retales sueltos csibriráu las baldosas de sus mezquinos cuartuichos... De u n modo ó de otro, lo importante es que hay que esterar. Todo el mundo está condenado á ese suplicio. Todo el mundo, menos yo. Porque yo tengo mi casa forrada de linoleum, y me costó tan baraiita la. tal pasta aceitosa, que? 2 ÍI me es posible, ni quiero ahora, tapar el hule con trapos y alfombras. Y cuidado que corno fresco, tengo fresco. Pero ¡qué le voy á hacer! Me dedicaré á la gimnasia en casa y sin Jiparatos. Y que estere el. que p sieda... Lu s DE T A P I A DIBUJCS DE. SAM HA