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ÍHAY QUE ESTERAR! pSTA del estero es una operación muy célebre. Todos los años por esta época es preciso re petirla. Y no es eso lo peor. I o peor es que todos los años hay que esterar de nuevo alguna habitación. Jamás se da el caso en un hogar de que aprovechen para un invierno las esteras ó alfombras del invierno anterior. Cuando las moquetas de la sala y del gabinete están buenas, se desúilachan los cordelillos de las alcobas. Cuando la alfombra del comedor fntede tirar un año más, la pita del pasillo está indecente. En vano son los esfuerzos que las señoras de la casa hacen para arreglar este asunto. I, as substituciones y traslados de esteras son abundantes. Alfombra hay que empieza á prestar sus servicios en el salón, pasa luego al gabinete, que es más pequeño, y termina su vida en la alcoba del niño, teniendo, al colocarla allí, buen cuidado de que la parte más desgastada caiga precisamente debajo de la cama. lyO de desnudar á un santo para vestir á otro parece modismo inventado para esta faena que se traen las cuidadosas amas de casa. ¡Todo inútil... Después de tales arreglos siempre queda alguna pieza por alfombrar... -Tenemos que salir á elegir alfombra para tu i espacho- -dice entonces la esposa á su marida. Cruzado este diálogo, marido y mujer se lanzan un día á la calle dispuestos á comprar unas cp: antas varas de ímo o de dos pesetas metro, ó de alta- lana. del mismo precio, con lo que ya supondrán ustedes la estatura que podrá tener laiia semejante. La escena que en el dilatado almacén de alfombras tiene lugar es muy curiosa. El matrimonio, rodeado de grandes cilindros de -Pues ¿y la del año pasado? -responde éste arando el golpe instintivamente. -I a del año pasado está imposible. Si aprovecha para el cuarto del ama, menos mal... moquetas lisas y rameadas, vacila ante los diversos dibujos de las grandes piezas que un dependiente va desliando á la vista de los compradores. -Esta es bonita- -dice la señora de vez en cuando. -Y va muy bien con las cortinas de la habitación... -Esa de los medallones rojos- -replica el esposo- -me gusta porque hace mtiy seria para despacho. -Llevaremos la que yo digo- -vuelve á decir la señora, acostumbrada siempre á salirse con la suya. Y, efectivamente, ajustan á tres pesetas el metro, colocado, la moqueta que hace juego con los portiers. Al día siguiente, un empleado del almacén va á la casa, toma las medidas y envía después un par de estereros encargados de colocar aquella preciosidad de alfombra, en cuya entonación, correspondiejite á la de las cortinas, no se fijará persona alguna de las que han de entrar en aquel despacho. En fin, lo importante es que la alfombra es una verdadera ganga siendo á ese precio, y colocada. Esto de colocada es relativamente moderno. Eii mis tiempos eran muy escasos los comerciantes que se prestaban á enviar operarios que colocasen las esteras. Las operaciones del estero, ó las hacían las mismas familias, ó los criados de la casa.