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porque no hay ocho... y quedarse sin esa mujer... Pero usted no sabe lo que es eso, usted no ha amado á ninguna mujer... ¡Ah... (Llora. SESORITA. ¡Pobrecillo... ¿Pues no está llorando... Caballero no llore usted, no se aflija usted... QKBÍÍL, -L, TSRO. (Llorando. Muchas gracias... Por fin le ha conmovido á usted mi desdicha... ¡ISTo estoy tan solo como creía! Gracias, amiga mía... ¡Siempre ha sido usted un ángel! SEÑ OEITA. (Ya vuelvo á ser un ángel. ¡Pero qué señor tan curioso! CABAIVLERO. -No le diga usted á nadie que me ha visto llorar. SEÍÍORITA. -Descuide usted, nadie sabrá una palabra. CABAIÍLERO. ¡Debilidades de los hombres! Me paso llorando las noches enteras... Cuando tenga usted un novio y lo quiera usted con toda su alma, y ese novio la abandone á usted... SEÑORITA. ¡Ay, es verdad... noches enteras llorando... Se va de Madrid, no escribe una sola carta... Ella ruega y suplica... y nada... Ese cariño ha conc vído. Y ella... (Llora. CABALLERO. ¡Ah! Pero... SHÑORITA. -SU historia de usted, la misma... N o son sólo las mujeres... ¡También los hombres! CABAI, I, -RO. (Levantándose indigiiado. ¡Infame! ¡Abandonarla á usted! ¡Miserable... N o llore usted, señorita, Devolveré á usted sus consuelos... (Se sienta á su lado. SEÑORITA. -Muchas gracias, no hay necesidad, sé consolarme yo sola. CABAEEÍSRO. -Sin embargo, ayudándola yo se consolará usted antes. SEÑORITA, -No, no, gracias. CABAI, IVERO. ¿Desprecia usted mis consuelos? No será mucha la pena. SEÑORITA. -Tanta como la de usted. CABAEEERO. ¡Pues consolémonos juntos! ¡Olvidemosjuntos! Al fm y al cabo, ¿qué adelantamos con llorar tanto? Nuestros amores no vuelven... Que no vuelvan. ¿Para qué? ¿Para hacernos suírir más, para engañarnos otra vez? Bien se están lejos... Vamos, tranquilícese usted... Seamos dos amigos que se cuentan sus penac, se juntan para consolarse y acaban por quererse... Es incomprensible, señorita, que ese hombre haya tenido valor para mentir cariño á una mujer como usted, tan buena, tan inocente, un verdadero ángel... SEÑORITA. ¡Y no poder olvidarlo, caballero! CABAEEERO. ¡Y no poder yo olvidarla! En dos años y medio no he pensado en otra cosa. SEÑORITA, -Le advierto á usted que yo no he cometido otro delito que quererle. CAB. ÍILEERO. -Lo creo; lo que yo he hecho con la mía. Si yo hubiera tenido la suerte de que ella fuese como usted, ¡qué felicidad! Usted sabe querer, no hay más que verla... ese acento, esas lágrimas. es usted una llama de pasión. S E S O R I A. -Ei, en cambio, era un hombre frío, frío, completamente glacé... CABALLERO. -Y se juntaban ustedes el frío y el fuego... ¡qué desnivelada está la vida! Yo, en cambio, soy como usted: otra llama de pasión. Entre su corazón de usted y el mío podemos producir un fuego, SEÑORITA. ¡Cuidado! CABALLERO. ¡Un incendio de amor! SEÑORITA. -Yo estoy ya asegurada para casos de incendio. CABALLERO. ¿Qué quiere usted decirme? ¿Que no vau s t e d á poder querer otra vez? ¿Y por qué? Yo le juro que ya nada me importa la ingrata; que hasta me alegro de su olvido, y que loque siento es haber estado dos años y medio Sufriendo por ella, haciendo el burro. SEÑORITA. (Intencionada. ¿Y cree usted que ya no suíre? CABALLERO. ¡Ahora sufro por usted! ¿Quiere usted sufrir conmigo su engaño? ¡Suframos juntos! ¡Olvidemos juntos! SEÑORITA. -Tiene usted la manía de la solidaridad, como Cambó. CABALLERO. -Porque siento nacer en mí un sentimiento hacia usted, que lo es todo: simpatía, cariño, amor, pasión... Sus ojcs de usted me están hablando... yo los oigo hablar... ¡Qué cosas me dicen. ¡Qué dulces promesas! (La señorita se ríe. burlonamente. Sí, ríase usted. Será un amor alegre, lleno de risa. ¡Yo también me reiré de gozo! ¡Ja, ja, ja. (Se rie de una manera cómica, como es de esperar de mi hombre tan loco. SEÑORITA. -Es usted delicioso riéndose... ¡Qué cara! No olvidaré yo su risa de usted tan fácilmente. ¡Ja, ja... Quisiera que fuese usted algo mío para verle reír; sería un quitapenas admirable. ¡Ja, ja... CABALEERO. (Poniéndose muy serio y animándose gradualmente, hasta llegar al éxtasis casi) ¡Pues reiré, reiré siempre! Ya rae siento aliviado, ya estoy tranquilo, ¡ya soj feliz! Las palabras de usted han sido lo bastante para borrar en un momento aquel amor insensato. ¡Mona mía, consuelo mío! ¡Toda la vida recordaré este principio de nuestra felicidad! SEÑORITA. (Levantándose airada, irónica) ¡Caba. llero! ¿Pero con qué derecho... CABALI ERO. (JSn el colmo del asombro. ¿Eh? SEÑORITA. -Que con qué derecho se atreve usted. CABALEERO. ¿Qué dice usted? ¿No hemos quedado en que nos consolaríamos mutuamente, eu que nuestros amores se fueron? SEÑORITA. -Sí, señor; mi amor se fué... se f u é á París, creo... pero vuelve. Y cuando vuelva, nos arreglaremos de nuevo. No es la primera vez que pasa. CABALEERO. (Indignadísimo. ¡Ah! ¿De manera que ha estado usted burlándose de mí? SEÑORITA. -Caballero, yo... CABALLERO. ¡Sí, señorita! ¡Ha fingido usted solicitud cariñosa para que mi corazón apasionado se prendase de usted! ¡Y ahora que ha conseguido su objeto, se vuelve usted atrás! SEÑORITA. ¡Caballero, yo no tengo por qué volverme atrás! Yo nada le he prometido. usted se lo h a dicho todo: que olvidaríamos juntos, que nos consolaríamos y no sé cuantas cosas más. CABALLERO. (Cogiendo el cielo con las manos. ¡Lucido me quedo! ¡Es decir, que si no tenía yo bastante con el tormento de amar y recordar á una mujer, ahora voy á tener que recordar á dos! ¡Porque la adoro á usted! ¿Le parece á usted bonito? Confiese usted que su coquetería... SEÑORITA. ¡Caballero, me está usted faltando! CABALEERO. ¡Antes me ha faltado usted á mí haciéndose la interesante para que cayera en el lazo! SEÑORITA. ¡Yo no tengo la culpa! Usted ha venido á contarme sus historias desgraciadas. CABALLERO. ¡Y usted las ha acogido con lástima, y me ha consolado después! SEÑORITA. ¡Eso es todo! Lo demás son imaginaciones de usted, ¡que tiene la imaginación muy loca! CABALLERO. ¡Sí! ¡La culpa la tengo yo, por haber venido á esta boda, donde nadie me llamaba! ¡Me marcho, sí! ¡Pero sepa usted, señorita, que la amo con toda mi alma, que la recordaré á usted toda mi vida, que me hace usted más desgraciado de lo que era... (Yéndose. ¡Dios mío! ¡Dos mujeres! ¡Dos pasiones! ¡Dos tormentos! ¡Tenga usted corazón para esto! ¡Y esos novios que se han casado serán tan felices! ¡Oh, eso es indignante! ¡Eso es un atropello á mi desdicha! Señorita, ¡es usted una miserable! SEÑORITA. ¡Caballero! CABALLERO. ¡La adoro á usted! ¡La aborrezco á usted! ¡Me mataré por usted! SEÑORITA. ¡Retírese, caballero! CABALLERO. ¡Sí, yo tengo la culpa! ¡Toda mi vida he sido un bruto! ¡Por tener corazón, por tener corazón! ¡Ingrata! ¡Traidora! ¡Ella! ¡Usted! ¡Las dos! SEÑORITA. ¡Se h a vuelto loco! (Llamando. ¡A ver, mozo, aquí! ¡Pronto CABALLERO. ¡Sí, que venga el mozo, que vengan los novios, que venga el fondista! ¡Todos oirán que la amo á usted, que la adoro á usted! SEÑORITA. ¡Socorro! ¡Un loco! (Sale hziyenio. CABALLERO. (Detrás de ella. ¡Ángel ínío! ¡Ángel niio... (Cae rápidamente el telóii. J. ORTJZ DE PINEDO. DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINQ