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SEÑORITA. (Es curioso este caballero. CABALLERO. -Al principio creí que esto me distraería un poco; una boda parece que ha de distraer á cualquiera. ¡Pues no, señora! ¡Estoy desesperado de verme aquí, deseando que esto se acabe y que los novios sean muy felices, pero que yo me vaya á mi casa! SEÑORITA. ¿Qué le pasará á este hombre? CABALLEEO. -Usted dispense, la estoy importunando con cosas que maldito lo que le importan; pero no lo puedo remediar... ¡Tengo tantos motivos para no estar aquí... Sí, ríase usted, ríase... No me extraña... ¡Dichosa usted que puede reírse! Yo no me río desde hace dos años y medio... tres hará en Febrero. Siga, siga riéndose... ¡No es la primera vez que se ríe una mujer e mí! SnÁ 03. Ví- A. -flí epnmündo la nsa. J CabaJSlero, yo no usted la, cosas que me pasan, comprendería que no estoy para galantear mujeres; al contrario, ¡para insultarlas, y arañarlas, y matarlas... No se asuste usted, he dicho una tontería. Me refiero á una mujer nada más: á la culpable, á la infiel, á la... Usted aispense; voy á marcharme, porque si no, estoy viendo que le voy á contar á usted la historia. Se la cuento á todo el mundo sin poderlo remediar. ¡Figúrese usted lo que se habrán reído de mí! No hay nada que haga tanta gracia como un hombre engañado por una mujer, y más si es su esposa, ¡cosas de este mundo miserable! L, as mujeres engañan á los hombres, los hombres engañados se desesperan y el público se ríe... ¡Qué bonito! SEÑORITA. ¡Pobre hombre! ¡Sabe Dios lo que habrán hecho con él! me río de usted; me río porque me hacen gracia las cosas que dice. CABALLERO. ¿Gracia? Sí que es gracioso lo que digo. Si supiera usted mi historia, no le haría gracia. Digo, tal vez le hiciera á usted mucha. SEÑORII A. (Suelta otro buche de risa. CABALLERO. ¿Ve usted? No se la he contado y ya se está usted riendo. SEÑORITA. -Perdone; no he podido evitarlo. CABALLERO. -No, ríase todo lo que quiera. Usted es quien debe perdonarme este desahogo de mi furor, que no he podido reprimir. ¡Me ha indignado tanto esta boda! No sé quién es la novia, ni el novio, ni me importa... ¡pero me indigna! Y yo sé por qué. Pero en fin, esto es aparte. Comprendo que he sido un grosero con venir á molestar á usted, que he debido saludarla galantemente y echarla cuatro piropos que bien se merece usted. ¡pero no puedo, créame usted que no puedo! Con mucho g u s t ó l e diría cuatro galanterías, ¡pero créame usted que me es imposible! SEÑORITA. ¡No hay ninguna necesidad, caballero! CABALLEEO. -Es que lo haría con mucho gusto, y, sobre todo, que es un deber en mí... Pero si supiera Q. KS, KVh- vj: (Exaspemdo. ¡No me mire usted con lástima! El engaño no fué más que olvido, nada más; no me dejó por otro; me dejó porque sí, porque quiso dejarme... No vaya usted á suponer ningún disparate. SEÑORITA. ¡Caballero! Yo... Q. kSK -L vs 3. (Contrito. ¡Ay, perdone usted, no sé lo que me digo... ¡Como me miraba usted con lástima... Pero ya sé que es usted incapaz de pensar un disparate, que es usted una mujer inocente, un verdadero ángel... SEÑORITA. ¡Qué señor tan divertido! CABALLERO. -Ya vuelve usted á reírse... ¡Claro, si le hace á usted mucha gracia que otra mujer me haya engañado! ¡Se ríe usted en vez de consolarme! SEÑORITA. ¡Caballero, yo no tengo por qué consolar á usted! CABALLERO. -Tiene usted razón; ni usted me conoce á mí ni yo la conozco á usted; pero comprenda mi situación... hágase cargo... disculpe mis vehemencias y mis tonterías... ¡Si supiera usted lo que es amar! (Suspirando largamente. ¡Ay... Ya pasó la fiebre... Ahora viene la melancolía... Dispense usted que me siente. (Se sienta. Si supiera usted lo que es querer á una mujer con toda el alma, con los cinco sentidos,