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bies andan de cabeza inventando nuevos a p a r a t o s Y una vez inventados, se lanzan á las pruebas, y también en ellas suelen andar de cabeza. Los físicos más i l u s t r e s compiten entre sí y mueren abrazados á sa idea, delirando con sus respectivos mecanismos para volar. Los que en serio y con base científica se ocupan de la c o n q u i s t a del aire, acaban por volverse locos. ¡Calculen ustedes lo que les sucederá á los inventores analfabetosi Esos no necesitan volverse, porque lo están ya. Y ¡no saben ustedes cuántos existen y cuántas son sus variedades... Yo conozco uno que tiene cierto despejo y no escasa gracia. Es un pobre hombre que se llama Rodríguez, y que parte del principio de que para volar es necesario imitar al ave. Y consecuente con su principio, se ha empezado á construir unas alas de pluma, una cola- timón y apéndices necesita dinero, y como en esto de wo tenerlo es en lo que mejor imita á las aves, el hombre ha pensado un sin fin de combinaciones para proporcionárselo. Primero solicitó la ayuda del Estado, que hubo de responderle que no necesitaba pájaros por ahora. Después vino la amenaza de vender su secreto al extranjero, amenaza que tampoco le produjo dos reales. Luego pensó en declarar su idea á un banquero judío, pero le detuvo el miedo de que, declarado el secreto, pudiera el banquero aprovecharse de él. Y, por fin, hoy anda metido en la creación de un sindicato de particulares que le proporcionen, por suscripción, la cantidad necesaria para los dos alones y parte de la pechuga... -Ahora voy por buen camino- -me decía Rodríguez hace pocas tardes; -el sindicato me dará lo necesario para realizar mi sueño. Eso sí; las pruebas no las realizaré hasta estar seguro de la recaudación. En cuanto tenga el dinero en mi podsr ahueco el ala. Y tú verás volar... Puede que tenga razón mi ami- go- pájaro. Mil veces hasta un pico- directriz de carLóu engomado. El mecanismo de las alas es su secreto, y es, por otra parte, lo caro de su invento. Para fabricar los dos grandes por falta de ayuda se han perdido geniales ideas. En otras ocasiones, por favorecer á visionarios, se han perdido los miles de pesetas. ¡Vaya usted á saber dónde están los verdaderos Vilbur y los falsos Rodríguez... La conquista del aire no es tan apremiante en muchos casos como la conquista del panAmbas nos preocupan porque el volar y el no comer son dos modos distintos de tener la vida en el aire... ¡La vida en el aire! ¡Cuan hermosa será cuando el problema se haya aefinitivamente resuelto! ¡Qué cambio tan colosal se operará en las grandes poblaciones! Será entonces posible la construcción de verdaderos castillos en el aire. Habrá grandes carreras de aeroplanos; suntuosos espectáculos en los espacios; viajes veloces alrededor del planeta, y u n a gran facilidad para huir sin pagar sus facturas á los sastres... ¡Oh tiempos felices... Aún han de tardai. Mientras la aviación no avance del lugar en que la han colocado los hermanos Wrigth, los únicos que tendrán su vida en el aire serán los valientes que se atrevan á pilotear los aeroplanos. Porque ¡cualquiera sufre unapajzne de estos aparatos en plena atmósfera... Es necesario que eso del volar sea más sencillo, oon muchos hierros, telas, hélices, motores y tuercas los que hoy se necesitan para estar hora y medía apartados de este bajo suelo... ¡Y que no deben reírse los aguiluchos de semejantes armatostes... Luis D TAPIA. E DIBUJOS DÉ SAK- CTIA.