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Si f I tí i. a i. H i fe 1 FSTATííA i A qu laí y la Vi de de er ce L de f t 1. ib- V 1 3? H? Cierto joven de estudios incubado en la aldea, que al amor del examen sus librotes hojea, con solemnes pisadas de la chusma fué en pos, y al mirar de la estatua la expresión arrogante, exclamó sentencioso con su voz de pedante: Es un rey de los bárbaros. ¡Quizá sea algún dios! Al. caer de la tarde los labriegos partieron, y, cantando sus coplas, las espaldas volvieron á aquel monstruo de piedra que el terruño abortó; y, á la luz de la luna, sobre el campo enhestado, el dios solo, sin culto y del mundo olvidado, por sus ojos de piedra triste llanto vertió. ¡No es la tierra, exclamaba, la mansión del reposo es un mar iracundo, es un mar proceloso, que alza cada cien años su oleada cruel, y en sus ondas sepulta las costumbres, las leyes, en su altar á los dioses, en su trono á los reyes y las tumbas encubre con florido vergel! ¿Qué se hicieron, ¡oh Júpiter! los romanos aquéllos, tan artistas y bravcs, tan fornidos y bellos, que envolvían sus cuerpos en flotante cendal? Esta chusma que he visto, ¡cuan menguada parecel Es que el mundo decae, que la raza perece, es que el aire se trueca en aliento letal! Mira el dios á lo lejos una luz de escarlata, j otra luz junto á aquella con fulgores de plata, y oye un rumor terrible cual rugido de mar; y e un penacho de humo que el espacio ennegrece, siente un chocar de hierros que la tierra estremece y de serpiente férrea el siniestro silbar. Pronto llegó la tromba, mezcla de hierro y lumbre, abrumando los suelos coa su atroz pesaduiribre, y, entre vapor y llamas, el dios partir la vio. Tembló del ancho campo el manto de verdura, y atónito, y mirando al tren en la llanura, s ó b r e l a tierra erguido, el dios también tembló RAFAEL TORRÓME. DIBUJO DE eSrS