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LA CORTE DEL KAISER I o s ENANOS DEL PANOPTiCUM En el Panopticum berlinés se exhiben siempre los fenómenos sensacio nales. Por allí desfilan el gigante Pisjakof y la mujer más gorda del mundo; el embaucador que se traga estopas encendidas y la joven doncella con voz de bajo profundo... Todo lo raro, todo lo extraño, todo lo estrambótico pasa por el escenario del Panopticum de Berlín. Además, el espectáculo es muy económico y variadísimo. Hay una colección de figuras de cera bastante mala, en verdad sea dicho; hpy un cinematógrafo donde aparecen combinadas las vistas y los anuncios; hay una troupe napolitana que canta todos los días el ¡O solé mió! y el Funiculi- Funiculá, y hay la inevitable biasserie para que. calméis vuestra sed. Por 50 céntimos ée puede uno pasar la tarde entera encerrado en el Panopticum, y, como está abierto desde por la mañana, es un refugio encantador pava matar unas cuantas horas. Y al Panopticum venimos de vuelta del paseo, y en el Panopticum nos encontramos casi siempre los extranjeros cuando comienza á obscurecer. L, a sala de los Soberanos es la que nos atrae... Como en una barraca del pim pam puín, héllsLnse expuestos todos los Monarcas y jefes de Estado de Europa y América. Las figuras, hechas en cera, quieren ser una imitación de las del Museo Grevin, de París; pero en esta competencia no han estado afortunados los artistas alemanes, y hay que ver estos Reyes y estas Reinas... ¡Es para morirse de risal Yo he acudido esta tarde al Panopticum para ver el nuevo programa que desde ayer anunciaban los inmensos cartelones puestos en la fachada del Pasgje. Al pasar por la sala de los Soberanos me sorprendió la presencia, de un Monsrca más... ¡El Zar de los búlgaros! El Panopticum cultiva la actualidad, y nos ha ofrecido al Ciraao de Bulgaria con sus carices formidables y el pecho constelado de condecoraciones. Pero i! 0 será el narigudo príncipe- ¡perdón! -Zar quien arrastre al público del Panopticum este mes... La ígran atracción del actual programa coustitúj ela u n a numerosa familia de enanos que parece haber venido dé, las ignoradas regiones de Lüiput. Porque estos enanos son los más enanos que existieron jamás, Entre las cosas que hacen para distraer á la gente y ganarse la vida, figura un matrimonio... ¡Oh! no podéis figuraros nada más divertido... Primero sale un enanito ricamente vestido de cliambellán, con un sombrero de plumas y un bastón de tambor mayo- Luego aparecen los novios y aetrás la comitiva colocada en dos filas, y según la talla de cada enanito, desde el mayor hasta el más chico, en disminución. ¡Parecen el juego de tubos de un órgano! E l n o v i o tiene dos pies de alto... Un poquito más tendrá la novia... Yo he creído que esta criaturita era un juguete; con su corona de azahar, sus ojitos azules, chiquititos como miosotis, sus dientes del tamaño de granos de arroz, sus manecitas poco más grandes que las hojas de las rosas, sus pies de muñequita de porcelana... Cuando sonríe señálasela un hoyito en la mejilla izquierda apenas perceptible, y tan pequeño que un beso nuestro no cabría, dentro... ¡Oh, no! Allí no cabe más que el beso de una mariposa... ó de un enano. Y avanza cogida del brazo de su esposo, vestida de blanco, dándose aires degranseñora. Pareceunaratita blanca... El novio es un señor formal... Lleva sombrero de copa, calzón corto, y procura empinarse, como dando á entender que no es buen mozo porque no quiere... Os aseguro que es un espectáculo delicioso. Todo Berlín está desfilando por el Panopticum y las gentes al e n t r a r atropelladamente en el teatro van á buscar en seguida á los enanos, y apenas si se fijan en las narices del príncipe- ¡perdón! -del Zar de los Búlgaros... ¡Y eso que son unas señoras EL PANOPTICUM JOSÉ JUAN CADENAS.