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hombre es un fraile armado ó un guerrero tonsurado. Su oficio es la conquista, conquista de imperios terrenales y conquista del cielo, acaso por remordimiento y para perdón de la culpa sanguinaria de la guerra. LA MAJESTAD MODERNA El espíritu revolucionario, por odio á la Ivlajestadhistórica, que era una, ha erigido varias soberanías; de suerte que en vez de abolirías las ha multiplicado. ¿Cuál es la Majestad del mundo moderno? El pueblo, según el evangelio democrático. La inteligencia, según los hombres políticos de profesión, porque viven y gobiernan, ó debieran de gobernar y de vivir, por ella. El dinero, según los que lo poseen ó lo necesitan, porque se sienten esclavos del oro. El trabajo, porque es el productor del dinero, y quien tiene poder para crear Soberanos es el más alto de ellos. El pueblo dice: yo soy la masa, la carne, el cuerpo, la parte mayor de la vida social; debo gobernarla. La inteligencia dice: yo soy la cabeza, la cabeza rige al cuerpo; soy, pues, su señora. El trabajo dice: yo soy el brazo, el músculo, eJ músculo mueve al cuerpo; luego soy su señar. El dinero dice: yo alimento y vivifico el estómago; sin sustentación, ni el brazo se mueve, ni el músculo funciona, ni la cabeza discurre, ni la carne vive. Pago al trabajador que se afana solamente por lograrme; pago á la inteligencia para que piense por mi, si es científica, ó me recree, si es artista, ó invente artefactos para mi comodidad, si es industrial. En el presente estado social, cuando lo útil ha substituído á lo fuerte, á lo bello, á lo justo, á lo verdadero, ¿qué cosa más útil y por ello más poderosa que el dinero? El puede dominará los pueblos, fortalecer á los débiles, persuadir á la inteligencia, embellecer la fealdad, comprar el placer, mitigar el dolor, sosegar la inquietud. ¿Qué soberana Majestad tiene tanto poder ni tales atributos, preeminencias y privilegios? Reconozcamos hoy por hoy la Majestad áurea como se reconoce á las tiranías invencibles; reconocemos su existencia porque padecemos su azote y pesadumbre. EUGENIO SELLES DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINQ