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Nenrod se proclamó Rey, erigiendo el primer imperio sobre sus semejantes. Una mano fuerte escribió, pues, el primer título de Majestad. I,o s sometidos fueron civilizándose quizá por la cohesión de su misma obediencia; trabajaron bajo una dirección suprema que regulariza y hace fructífero el trabajo. Su fuerza muscular, la máquina de carne y hueso edifican las ciudades maravillosas, levantan los monumentos ciclópeos y crean las civilizaciones rudamente grandiosas de Asia y África. LA. MAJESTAD CLASICA IYOS ríos progresan y se desarrollan longitudinalmente ganando terreno, y los surtidores de agua se desarrollan y progiesan verticalmente ganando altura. I, a civilización humana progresa y se desenvuelve, no como el río, sino como el surtidor; no marcha, asciende. El poder del hombre cuando se afina y perfecciona, deja las manos, los pies, instrumentos tiende sobre el mundo. Ya no manda la fuerza del músculo, manda la fuerza de los nervios, creadores y conductores de la belleza. Ella es todo; la forma es lo esencial en las cosas y en las ideas, en la arquitectura, en la escultura, en el poema, en la oratoria, que triunfan y se inmortalizan por ella. Hasta la divinidad, perdiendo el carácter austero, misterioso y tiránico de las antiguas religiones, adquiere formas artísticas, y los dioses y diosas son símbolos bellos de la Naturaleza, de los sentimientos y de los destinos humanos. El arte es la Majestad soberana de aquel mundo y aquellos siglos gloriosos. LA MAJESTAD ROMÁNTICA El paso de los siglos medioevales parece el paso d j una inmensa sombra sobre la tierra. ¿Qué astro negro se in erpuso para producir el largo eclipse de las luces clá icas? ¿Por cuál raro y no repetido fenómeno la Historia retrocede, el progreso se cansa, la huma- S V de la fuerza animal, y asciende á la cabeza, asiento y trono de la fuerza espiriiual. Por esa cuesta arriba evolucionó la humanidad, produciéndose la segunda generación de la Majestad: la Majestad de la forma. La primitiva Majestad de la Naturaleza acaba, y la sucede la Majestad del arte. Ella rigió y. gobernó representada por la civilización helénica que se ex- nidad se para, el espíritu se embrutece y hasta el cuerpo se abruta? La forma bella desaparece de ellos, y el hombre medioeval es un salvaje comparado con el hombre de los días, de Berdeles y de Augusto. Destronadas las Majestades intelectuales, son substituidas por la Majestad férrea y la Majestad fanática, que tienen por cetros la cruz y la espada. El