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i K Í- li i I, I r y i f Pí 3 r 1 f- í- 1 i X- Í w- i V i. -y. a L í LA ALEGRÍA Q U E PASA ¡No llores, Magdalena, y sal á tu ventana que va á pasar airoso, marcial, el batallón! ¿No escuchas los acordes de música lejana? ¿No oiste en las cornetas los toques de diana llamando á formación... No llores, Magdalena, y vean esos bravos tu cara de azucena, tus ojos sonrientes, tus labios de carmín, bajo un dosel cuajado de rosas y verbena, de azules campanillas y pálido jazmín. ¿Los oyes? ¡Ya se acercan! Su marcha acompasada, repite con violento latir tu corazón; tus ojos resplandecen, y ciegan tu mirada las chispas refulgentes que brotan de la espada, y el cabrillear de sables, y el oro del ga ón. Detrás de los granujas van ocho gastadores; chillonas las cornetas en pos de aquéllos van, y i: ierra en anchas filas la banda de tambores batiendo atronadores sobre el crujiente parche furioso rataplán. Brillante pasodoble de acordes populares atruena con su ritmo de un clásico andaluz, y á su compás alegre, los bravos militares derrochan gentileza y brío en sus andares y todo es ruido y vida y esplendorosa luz. Las gentes, á su paso, á gritos se saludan; los hombres que se paran, los músicos que sudan, las viejas, aturdidas, se tapan los oídos huyendo con terror... y tres ó cuatro perros, por el estruendo heridos, tumbados en la acera dan tétricos aullidos de rabia y de dolor. ¿Los oyes? ¡Ya se alejanl Con marcha acompasada, pasaron los soldados en rítmico vaivén, y ya el brillar de sables no ciega tu mirada ni del alegre estrépito se escucha casi nada, que están lejos, tan lejos, que apenas si se ven. ¡Así son, Magdalena, las dichas de la vida! ¡Como ésta, la alegría que un día te animó! Deslumhran un instante, cual ráfaga encendida, fugaces como el viento se pierden en seguida... ¡y dejan el recuerdo de lo que ya pasó! FIACRO YRAYZOZ. aiBUJO DE HUERTAS