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mESARE. VUELTA I EPARTO DE LA PROPIEDAD Cttentan que cuando los comunistas se apoderaron de París, tres de ellos se presentaron en casa del famoso banquero Rothschild con la pretensión de que éste les entregara sus riquezas para repartirlas entre todos. -Vamos á ver- -les dijo Rothschild sin alterarse. -Ustedes quieren repartir mi capital entre todos los franceses, ¿no es eso? -Éso es, ciudadano. -Perfectamente. ¿Qué capital calculan que tengo yo? -lyO menos doscientos millones de francos. -Concedido; por medio millón más ó menos no hemos de reñir. ¿Cuántos franceses calculan que hay? -Unos cuarenta millones. -Bueno; pues doscientos entre cuarenta tocan á cinco. Tengan ustedes cinco francos cada uno y estamos en paz. Cuando en un tranvía que va lleno un señor grueso cede su asiento á una señora delgada, los demás viajeros permanecen indiferentes; pero cuando un caballero flaco se levanta para que se siente una señora gruesa... hay que ver la cara que ponen todos ante la galantería. pN EL TRANVÍA A un hombre en una riña de taberna le rompen un vaso en la cabeza, de resultas de lo cual fallece á los dos días. El médico recibe infinidad de recomendaciones para que al certificar no se proceda criminalmente contra el autor, y como el doctor desea complacer á los recomendantes, certifica que el hombre ha fallecido de muerte natural por la rotura de un vaso. NA INTERPRETACIÓN u C H I S T E S Y CARICATURAS -Se tiñe usted el pelo y el bigote y hace usted muy mal, porque los tintes traen consecuencias desagradables. N o me hable usted. Desde que empecé á teñirme para rejuvenecerme hice la conquista de una viuda con seis chicos y me casé con ella. ¿Después de esto qué consecuencias del tinte me pueden importar? N HEREDERO- -Su tío de usted me ofrece sesenta mil pesetas si le curo; pero por desgracia me parece que es demasiado tarde. ¡Ay, doctor, en el caso de un mal éxito no será usted menos recompensado! o s PERJUICIOS DEL TINTE ANTOLOGÍA CASTELLANA JOYAS ANTIGUAS u Yo os quiero confesar, don Juan, primero que aquel blanco y carmín de doña Elvira no tiene de ella más, si bien se mira, que el haberla costado su dinero. Pero también que me confieses quiero que es tanta la beldad de su mentira, que en vano á competir con ella aspira belleza igual de rostro verdadero. ¿Mas qué mucho que yo perdido ande por t n engaño tal, pnes que sabemos que nos engaña así Naturaleza? Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo, ni es. azul. ¡Eástima grande que no sea verdad tanta belleza! LuPERCio LEONASDO DE AR- GENSOLA, II Daba sustento á un pajariuo un día I Ucinda, y por los hierros del portillo f lésele de la jaula el pajarillo al libre viento en que vivir solía. Con un suspiro á la ocasión tardía tendió su mano, y no pudiendo asillo, dijo (y de las mejillas amarillo volvió el clavel que entre su nieve ardía) ¿Adonde vas? ¿Por despreciar el nido al peligro de ligas y de balas, el dueño huyes que tu pico adora? Oyóla el pajarillo enternecido, y á la antigua prisión volvió las alas, que tanto puede una mujer que llora. LOPE DE VEGA. CAMBIO DE SISTEMA- -E n el último mitin hemos convenido en no echar más bombas. -Entonces, ¿cómo vamos á terminar eon la burguesía? -Dejando que los automóviles hagan lo suyo. III Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me. sigue, dejo ingrata. Constante adoro á quien mi amor maltrata; maltrato á quien mi amor busca constante; al que trato de amor hallo diamante, y soy diamante al que de amor me trata. Triunfante quiero ver al que me mata, y mato al que me quiere ver triunfante. Si á éste pego, padece mi deseo; si ruego á aquél, mi pundonor enojó. De entrambos modos infeliz me veo; pero yo por mejor partido escojo de quien no quiero ser violento empleo que de quien no me quiere vil despojo. SOR JUANA NÍB DE LA CRUZ.