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LA N I N A EL GATO Y EL T I G R E piLAR, la hija menor de los marqueses, no sabe qué hacer para divertirse. Está aburrida, y ei aburrimiento la contraría tanto, que siente una tempestad de cólera en su corazón pequeñito. Pilar se aburre. Kla jugado con su muñeca, le ha dado de comer al canario, le ha puesto al gato una cinta roja en el cuello, le ha colgado al perrito un cascabel de oro; después se ha vestido u n a camisola muy linda, se ha descalzado y ha bailado. Ahora no sabe cómo entretenerse, y la cólera le invade. En mitad del cuarto hay una piel de tigre, una inmensa, una lustrosa y bellísima piel de tigre. I, as cuatro patas y la cola se dibujan perfectamente sobre el pavimento; la cabeza, con sus ojos brillantes y su boca poblada de dientes, parece viva del todo. Se diría un hermoso tigre rubiOj que está espatarrado en el centro de la habitación. La niña Pilar, cuando se cansó del baile, ha venido á sentarse sobre la piel del tigre. ¡Y qué fenómeno tan singular ha ocurrido entonces! Se ha visto á la niña estremecerse como si una ráfaga de ferocidad le hubiese sido transmitida por la piel del tigre, y se ha visto á la cabeza del tigre tomar aún mayor apariencia de vida; parecía que la boca del felino se abría en una solemne mueca de feroz agradecimiento. Ahora Pilar sabe ya cómo entretenerse. Ha cogido á su muñeca, la ha roto el pescuezo, la ha desbarrigado; viendo que tenía el vientre relleno de serrín, ha tirado lejos la muñeca. Luego ha cogido al pájaro, y con un largo alfiler de oro le ha atravesado las dos pupilas; el pájaro da media docena de vueltas y cae moribundo. Después agarra Pilar al perrillo, lo voltea en el aire j lo arroja contra el techo; el perrillo pega un alarido de dolor, cae sobre la esquina dé un mueble de mármol y se retira á un rincón del aposento todo él cubierto de sangre. Pilar se dirige donde el gato y lo trinca por el cogote. Quiere que su gato baile sobre las dos patas traseras. Pero el gato no acepta él baile, se resiste á bailar, y cuanto más se empeña Pilar en que baile, el gato se rebela más y más. IJntonces Pilar se enfurece y pretende ahogar al gato. Solamente que el gato, dando heroicos bufidos de independencia, lucha con uñas y dientes de tal modo, que la niña Pilar tiene que soltar á la fiera. El gato se retira bufando. Pilar se ha sentado scbre la piel de tigre con los ojos como adormecidos por la emoción. En la mejilla tiene un arañazo, en la mano tiene otro arañazo; sobre su blanca piel resbalan las gotitas de sangre, y caen luego sobre la cabeza de tigre, el cual tigre, como si fuera u n dios oriental, recibe aquel sacrificio de la sangre con una beatífica mueca de agradecimiento. JOSÉ M. a SALAVERRIA. DIBUJÜ DE RHGIDOR