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mera, sensible como una tierna planta á las primeras caricias de la brisa, á las palabras primeras de ternura, descuidada, alegre, ignorante aún de su propia debilidad, esta alma de excepción merece que no se. turbe su paz ni por un instante con palabras que la despierten sin satisíac: ria. Este lago tranquilo de conocimos en este balneario. EHá marcha mañana á París con su familia; no volverán á Madrid hasta el invierno. Aquella afirmación de mi conciencia, despues del breve examen, provocado por bromas de amigosycharlasconjulitaenlospaseosybailes. de este verano, y por el inconsciente placer que, á los m m í f MIMWillWialiWWMIM I miut T s í agua aún prodigiosamente pura no debía recibir otro hoplü que rizara su superficie más que el soplo soberano del amor único y definitivo. Y j o, vuelto en mí, á solas con mi yo, me he preguntado: ¿Te sientes tú capaz de ofrecer este amor á Julita? Y no he podido contestarme con convicción qzie sí. Luego no debe mi aliento rozar el lago virgen. Hace mes y medio tan sólo que Julita y yo nos ojos de todos, manifiesta ella en mi compañía, me había hecho resistir hasta hoy todas las tentaciones. ¡Ay de mí! Conté demasiado con mis fuerzas, demasiado poco con mi debilidad. Sucumbí hoy, hoy, víspera de la partida de ella, cuando nada podía resultar de mis palabras, y acaso cuando mayor daño pueden ocasionar, al separarnos, en su imaginación, llena de u n fuego que aún no ha hallado empleo digno de