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mCSARLVUELTA pONSUELO DE UNA DERROTA m marqués dé Uxelles, que fué luego mariscal, fué á la corte después de haber tenido que entregar al príncipe Carlos, general del Emperador, la ciudad de Maguncia, que había sostenido cincuenta j dos días con trinchera abierta. Temía el marqués las reconvenciones del rey Luis XIV, y se arrojó á sus pies para darle cuenta de su conducta. El rey, abrazándole, le dijo: -I evantáos, marqués; habéis defendido vuestro puesto como hombre de corazón, y habéis capitulado como hombre de talento. Aquella generosa afabilidad reanimó el valor y las esperanzas del marqués, que redobló sus esfuerzos para merecer cada vez más la estimación de su soberano. un uN VJRTÚOSO Rossini recibía un día en su casa yá con pianista de muchas pretensiones, toda la cortesía posible procuraba evitar que se acercara al piano, por librarse de la sesión. El virtuoso se dio cuenta de ello, y tomó el piano por asalto. ¿Me permitís, maestro, que ejecute una de mis últimas composiciones? Rossiñi no encontró modo de oponerse terminantemente, y calló. El pianista, interpretando á su favor el proverbió de quien calla, otorga, se puso á tocar furiosamente. Después de media hora de huracán, se levantó pálido é inundado de sudor. -Y bien, maestro- -dijo sacudiendo su abundante melena, ¿cómo encontráis mi obra? -Encuentro- -contestó Rossini con su sorna habitual- -que es asombrosa y que tenéis más poder que el Sumo Hacedor, Porque Dios hizo el mundo, y vos habéis hecho el caos. 1 I NA OBJECIÓN Enrique V I I I de Inglaterra se disponía X enviar un embajador cerca de Francisco I, y el embajador hizo observar al monarca inglés que si se permitía decir al rey de Francia el mensaje que se le confiaba, l o m a s probable sería que le hiciese decapitar. Enrique V I I I contestó: -Id y no temáis; si el rey de Francia se permite haceros morir por esas palabras, yo haré caer muchas cabezas de franceses que tengo en mi poder. -Señor- -replicó el embajador, -tengo el honor de hacer observar á V. M. que de todas las cabezas que haga caer, ninguna me sentará tan bien sobre los hombros como la mía. DE UN SUIZO Estando en la capilla de Versalles I Uis XIV trató de entrar en ella el comandante Armand; pero el suizo que estaba de centinela en la puerta no le dejó pasar. E n tonces el comediante, para engañar al suizo, le dijo: ¿Cómo no he de pasar yo? Soy el barbero del Rey. -Pues no puedes entrar, porque ahora en misa no se va á afeitar S. M. -Señoras y caballeros: según las observaciones que acabo de hacer, y por la experiencia que tengo de las cuestiones astronómicas, creo que antes de dos años tendremos cambio de tiempo. CANTARES I L U S T R A D O S íPS MÍi SST ¡j máms) J K? P oo -lr J 1 Í MS í yt W jÉh 2 H NT ááp Eres como yo te quiero, con un corazón muy grande y un cuerpecito pequeño. L OGICA 9 I J N ASTRÓNOMO Poursaut, el viejo notario de I yon, era muy conocido de todo el mundo. Se le vela, vestido á la antigua, pasearse lentamente por calles y plazas. Una tarde de Junio que había prolongado su paseo se encontraba en la plaza Bellecour cuando ya las estrellas brillaban en él cielo. Quedóse Poursaut ensimismado contemplándolas. I a gente, fijándose en él, y viéndole observar los astros tan detenidamente, creyó que practicaba importantes observaciones y que iba á pronosticar algo muy interesante, y se fué agrupando en derredor. Cuando el viejo notario se dio cuenta de aquella concurrencia y de aquella expectación, hizo que meditaba unos instantes y dijo en alta voz: Sk. m i No existe mayor desdicha que al acostarse de noche encontrar la cama fría.