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LA C O R T E DEL KAISER y DEL PATÍN El nuevo Palais de Glace de Berlín no u ¿ne la menor semejanza con el Palais de Glace parisiense. En París todas estas cosas hay que hacerlas en pequeño, m u y en pequeño, porque sí no se hacen así, no son chic... Un restaurant á la moda no puede tener más de una docena de mesas; un teatro aristocrático no debe contener más de cíen personas, y así, claro está, en el restaiirant las cuentas son fantásticas, y en el teatro los precios de las localidades fabulosos... ¡Ah! Pero la gente paga sin murmurar porque es chic... Los berlineses no tenían Palais de Glace, y han construido el Berliner Eis- Palasl, verdadero palacio de monumental fachada y proporciones colosales... Porque Berlín es el reverso de la medalla, y aquí hay que hacerlo todo grande... Hacen un hotel como- el Adlon y se gastan 22 millones; construyen un restaurant como el Rheingoldy los propietarios necesitan despachar 5.000 raciones todos los días para cubrir gastos. El Palais de Glace berlinés no podía ser una. imitación del parisiense. Además, en París nadie va al Palais á patinar en serio, como nadie va al restaurant de moda á comer, ni al teatro aristocrático á ver la función. En Berlín, en cambio, van al teatro á ver el espectáculo, aunque sea una mamarrachada, y al restaurant á atracarse, aunque los den bazofia. Naturalmente, ahora van al Eis- Palast á patinar como Dios manda. ¡Y vaya si patinan las berlinesas! No pierden el tiempo como las parisinas en flamear de un lado á otro, énseñacdo la toilette recién estrenada, el sombrero nuevo modelo o l a joya que acaban de adquirir... L, as berlinesas se ponen una faidita trotona, una chaqueta de lana, un gorro de piel y se lanzan al hielo... Horas y horas las veréis patinando entusiasmadas sin rendirse jamás... y sin caerse, cosa que á mí me parece verdaderamente extraordinaria. Patinan desde por la mañana hasta por la noche, ensayando figuras nuevas, haciendo infinitas proezas, porque todas estas muchachas son artistas del patín, pero artistas admirables, virtuosas del skating, que en un music- hallga. naxía. n de fijo una fortuna... Hacen mil filigranas sobre el hielo caminando de espaldas ó sobre un pie y girando vertiginosas... I, as hay que trazan las iniciales de su nombre de manera impecable; otras dibujan monogramas y enlaces de letras; otras hacen dibujos... A veces vemos dos patinadores que se deslizan uno alrededor del otro dando vueltas por espacio de largo rato... No se hablan, no se miran, y nadie sospecha que son dos enamorados ¡que se están hablando con los pies! Sí, señores, con los pies... Por medio de esos jeroglíficos que trazan sobre el hielo se entienden, se juran amor, se dan una cita y hasta se dicen cosas tiernas en nuestras narices mismas... Pero vedlos... ni se miran ni se hablan, y parece que son extraños el uno al otro... La inauguración del Eis- Palast ha. sido el gran acontecimiento de la temporada berlinesa, y sólo el primer día invadieron éí skating 14.000 gentiles patinadoras, sueltos los cabellos rubios, al aire el pecho y cubiertas con el clásico gorrito de piel. Por las noches las damas berlinesas van al Eis- Palast, que se ha convertido en el espectáculo de moda. El restaurafit abierto sobre el salón está lleno á todas horas, y una orquesta ejecuta sin descanso valses y polcas, czardas y mazurcas, que enardecen aún más á las lindas patinadoras. Sí... La música las enardece porque quieren ajustar su carrera veloz á los diferentes ritmos, y van y vienen, corren, se deslizan, se cogen unas á otras por las manos, por la cintura, y se reúnen haciendo figuras diversas, para separarse luego de repente y volver á unirse más tarde... Es una pasión, una verdadera pasión la que los berlineses sienten por el patín. Yo acabo de ver á un viejecito de barba blanca que ha atravesado el salón, deslizándose raudo y dejándome asombrado. Ese pobrecito anciano se sostiene mejor sobre las afiladas cuchillas que en la tierra firme, pues estoy seguro que no va tan tieso ni tan estirado cuando anda por la calle... Al final de la noche, cuando los fanales eléctricos se apagan y la, orquesta lanza los últimos acordes, quédanse en el v e s t í b u l o rezagadas unas cuantas Gretchen melancólicas que se dirigen al salir miradas llenas de promesas... Sí... Esto en París y en Berlín es igual... Pero es en lo único que se parecen el parisiense Palais de Glace y el Berliner Eis- Palast... JOSÉ JUAM C A D E N A S DIBUJO D E QINEK