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que estaba terminando la nonagésimaséptima vuelta- -Como habrá usted visto por mi billete, voy á de las ciento que acostumbra dar á saltos y en cucli- Valladolid. llas alrededor de su sal a- gimnásio, incorporóse así- -Sí, séñorr que las hubo terminado y leyó el parte ue John le- -Tengo absoluta precisión de estar allí mañana, y alargaba respetuoso en una bandeja de plata, en el me hará usted el favor de despertarme media hora cual el P. P. C. V. (Presidente Polo- Club Valisole- antes de la llegada del tren. tano) le rogaba con todo encarecimiento que fuese á- -Sí, señor. honrar con su presencia la inauguración ás u n mag- -Había pensado no acostarme; pero estoy sumanífico campo de juego de polo que se acababa de pre- mente cansado, y prefiero dormir un rato. parar en la renombrada capital castellana. -Bien, señor, yo le despertaré. Hizo nuestro héroe un gesto de contrariedad, y le- -Advierto, á usted que mi sueño es muy pesado... pidió á su ayuda de cámara el libro indicador de sus- Ño le hace, señor. compromisos deportivos. -Es que tengo costumbre de dormir ocho horas y ¡Ya le parecía á él! Precisamente jugaba un. partido media de un tirón, y cuando me llaman antes de que de golf en la posesión del marqués de la Jarandina el transcurran, aparento despertarme, hablo cuerdadía fijado por el P. P. C. V. -para inaugurar. su. poló- mente (al parecer) y hasta invento pretextos para dromo (palabreja que brindo al gran Cavia, amigo y volverme á dormir, todo ello en sueños, pues luego maestro) así que era de todo punto imposible aceptar no recuerdo nada de cuanto he dicho. la invitaíión. -No tenga cuidado el señor. -lye. autorizo á usted para que haga lo que sea Contestó en este sentido; ordenó á John que sin perder minuto mandase á telégrafos su respuesta, y necesario á fia de despertarme, porque, como ya le comenzó á dar una nueva serie de cien vueltas, sos- he dicho, es de imprescindible necesidad que esté tenido alternativamente en una y otra pierna, teniendo mañana en Valladolid; lo he prometido, y soy esclavo. la en que se apoya el cuerpo doblada como para de mi palabra. sentarse en el suelo, y. la otra extendida y rígida, -Estará el señor. igual que si fuera de palo. -Queda convenido en que usted me despertará, Hizo después quinientas. poleas con cada remo; sea como quiera, y me obligará á descender en esa colocado luego frente á un espejo y en las manos estación. -Sí, señor, cumpliré al pie de la letra sus instrucsendas pesas de 30 libras, estuvo dando juego y ela: sticidad á los músculos del tórax. Más tarde se ciones; duerma tranquilo el señor. metió en el baño, humeante y perfumado, del cual Después de dar al mozo ciaco d, uros de propina por, pasó á manos de John, que casi le hizo saltar sangre el trabajo que. le iba á ocasionar, echóse James sobre friccionándole la piel con un cepillo; púsose cabe la la. caáiai- vestido, para que fuera factible el encargo regadera de una ducha de agua fría, se envolvió en quera aquél diera, y se durmió á pierna suelta, una amplia bata afelpada y se tendió en una c mlse Todo era quietud y silencio en el sleeping- car, y ei longue, cerca de la cual había una mesita en donde mozo dormitaba en su sillón, desde el cual vigila la. estaba preparado su almuerzo matutino, consistente puerta de los camarotes, cuando sintió que unos puños en huevos pasados por agua, carne fiambre, sandwi- férreos le levantaban en vilo y le zamarreaban sin ches, y para postre, una taza de té con tostadas. compasión, al par que con los denuestos más expreDespués de ingerido este tente en pie, media hora sivos y las más castizas interjecciones llevaba James de reposo mientras se consumía la pipa, cargada con Santorcil- el compás de los testarazos que le propiesas doradas hierbas que los ingleses fuman hacién- naba contra las paredes del coche. dose la ilusión de que tienen alguna semejanza con Maltrecho el mozo, dio voces en demanda de auxiel tabaco, y ya estuvo el buen Santorcil fresco, ágil lio; dos ó tres viajeros, en paños menores, acudieron y dispuesto á acometer las más altas empresas depor- á su socorro, y, no sin grandes esfuerzos, pudieron tivas, para pasmo y admiración de propios y extraños. desprenderle de las garras del indignado gentleman, Tenía cierto reconcomio causado por su negativa el cual, á grito herido, contaba el motivo de su furia al P. P. C. V. ¡Precisamente acababa de comprar una y la razón del vapuleo. pareja de poneyS (Master Cooky y Blue Star) tan bien ¡Eran cérea de las ocho de la mañana, y el tren estaamaestrados, que jugaban solos! ¡Qué gran ocasión ba para llegar á Vitoria! ¡Adiós polódromo de Vallapara estrenarlos! dolid, y adiós partido de inauguración! ¿Qué diría Pero la formalidad ante todo; el hombre debe ser el P. P. C. V. de la formalidad de Santorcil? esclavo de su palabra, y el escrupuloso cumplimiento Y mientras unos viajeros acompañaban á éste á su de lo ofrecido es uno de los distintivos del carácter camairote, dándole la razón para que se aplacase, otros británico. rodearon al mozo, que trataba. de arreglar los desperDespués de almorzar en el club, un criado le entre- fectos que en su indumentaria dejaron las potentes gó un telegrama que John le mandaba desde casa. manos de James. Era del P. P. C. V. diciéndole que se suspendía la- ¡Vaya unos puños que tiene el amigo! -obserfiesta hasta que él pudiera asistir, esperando lo indi- vó uno. cara, á fin de imprimir los carteles. -El enfado era muy justo- -contestó otro. Se apresuró á contestar agradeciendo la deferencia- ¡Ea verdad es que ir á Valladolid y encontrarse que le demostraban y señalando la fecha precisa de en Vitoria... su llegada á Valladolid. -Bueno te ha puesto, Pedro- -interrumpió el mozo Huelga decir el cuidado minucioso con que todo lo del carruaje inmediato, á quien acababan de enterar dispuso para la expedición, y qué no confió á nadie de lo sucedido y venía en ayuda de su compañero. la vigilancia del embarque de sus nuevos OWÍJ Í y de- ¡Pues esto no es nada comparado con lo que me Flash III y Toby, los más descansados de éntrelos dijo el viajero á quien planté anoche en el andén de seis que posee. Mandó á John el día anteS de su salida la estación de Valladolid! -respondió Pedro nervioso con el equipaje, y quedóse tranquilo, pensando en la aún y balbuciente por la paliza recibida. agradable fiesta que se preparaba. ¿Cómo? -le preguntaron. ¿Qué dice usted? Pero el diablo, que todo lo añasca, hizo que se enre- -Que me equivoqué, y, en lugar de entrar en el daran las cosas de manera que no tuviese más reme- cuarto de ese señor, desperté á otro, y, contra todo dio que ir, precisamente la tarde de su marcha, á su gusto, le obligué á quedarse en Valladolid. ¡Había correr unos gamos á la Venta de la Rubia en distin- que alquilar balcones para escuchar las cosas que guida compañía, y esto le obligó á andar apresurado me dijo! y sinsosiego, hasta que puso, a l a s ocho menos diez Una inmensa carcajada acogió esta revelación de minutos, su planta en la estación del Norte y se insPedro, pues los oyentes vieron con la imaginación la taló en el departamento que en el sudexpreso tenía escena y al desgraciado que acaso iba á París, quedánreservado desde la antevíspera. Una vez terminada la dose á la fuerza á la cuarta parte del camino que comida en A: diming- car, va. ó al mozo del sleepingy pensó recorrer. tuvo con él la conversación siguiente: Por la... instrumentación, ENRIQUE MAUVARS. DIBUJOS DE MÉNDEZ B. ll. NGA