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-iNcí, n A V C ETOIOISr í? tó te a e olaro sol de Julio ardiente el organillero por la carretera, y de su flexible gorra la visera brilla como un asaua de oro refulgente. Zira de ¡as varas del oarro indolente, que avanza pausado como una litera. Su aliento de fuego le manda la era, y nubes de polvo circundan su frente. Borracho de sol, pregón de alegría, aun muestra en los ojos, propicios al sueño, el guiño afrayeníe de la piaardia. Ss independiente; por eso es risueño... If con el ladrido de su simpatía saludante al paso los perros sin dueño. T XvKBEYJL la aldea decora con galas de fiesta, espléndido mareo de un cuadro sencillo. SI organillero duerme en paz dichosa, mientras de los árboles la sombra piadosa tiende en torno suyo sus encajes negros, y en el organillo su ifiaí- espera la música errante, la voz callejera de penas y risas, de andantes y alegras, III Vuelve á su eamino el organillero cuando ya la sombra sube á los balcones, y del organillo suenan las canciones en la carretera junto al merendero. Tin enjambre humano tosco y bullanguero del baile disfruta las ondulaciones, y la noche al cabo cuelga sus crespones sobre la arboleda verde del lindero. S or la carretera va el músico errante, ya entrada la noche, de sus melodías al aire lanzando las plácidas notas. ¡Oh ciudad dolienfel ¡Solaza al eaminantei ff aso al mensajero de las alegrías, poeta de fangos, mazurcas y jotas I RICARDO J. CATARINEU. DIBUJO DE HUERTAS II Jll pie de la tapia de rojo ladrillo, el organillero feliz se recuesta; ¡junto á su dueño, rendido á la siesta, dentro de la funda duerme el organillo. Vn cielo incendiario, que envuelve en su brillo ciudades y cumbres, erial y floresta.