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REVISTA ANO XVJIl M A D R I D 26 DE S E P T I E M B R E DE 1908 N Ú M 908 Kiv JLBJL: Krico asistido ella nunca á una corrida de toros. ¡Su tía la educaba con tal rigidez... Compré un palco, y las invité galantemente. I a tía transigió, convidando á su vez á unas amigas que la ayudasen á llevar, según ella decía, el peso de la cesía. Me senté en el ángulo del palco, al lado de mi Bertina (ya sabe usted, Albertina Ivaguarda, hoy mar- f OMO deseaba escrutar el corazón de mi novia- -díjome Sanda, io Aguilarenla terraza del Casino, en la hora propicia á las cotjfidéncias, cuando los acordes de la orquesta se desmayan en el aire, aleteando débiles, á manera de, fatigadas mariposas- -y en las conversaciones de amor casi todo es mentira, decidí practicar una experiencia que me ilustrase. No había