Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
5 -íKua fc í v CASTILLO y CIUDAD DE TRIAS IMPRESIONES VERANIEGAS H RÍAS jorge Manrique! ¿Qué culpa tengo yo de que Jorge Manrique formulara definitivamente en unos pocos versos lo efímero de nuestras grandezas y el rápido cursó de nuestras pobres vidas? ¿Qué se hizo el rey D. Juan? Los infantes de Aragón, ¿qué se hicieron... Sábelo Dios; pero al menos no tendrían que subir esta maldita cuesta, que, á modo de repecho de cabras, va escalando el cerro rocoso donde. se asienta la muy ilustre ciudad de Trías, para comparar con otras ruinas las de sus galanuras é invenciones. No existe en el mundo ciudad que más mire al viajero que ésta, á la cual voy á conduciros ahorrándoos pendientes- ¡lógremelo el Señor! -con el filo de la pluina. Todas las casas, asomadas á babor ó á estribor (pues la ciudad parece una nave en la cima de una ola suelta y petrificada) os contemplan como viejas curiosas, subáis por Poniente, subáis por Levante, y sobre todas ellas, amenazándoos con el puño, os mira el imponente torreón del castillo de los Duques, que, pese á su jactancia, sólo espera el roce de la casualidad para venirse al suelo, aplastando media ciudad de Trías con su armadura. Terrible sería tal peligro para otra ciudad menos acostumbrada á los derrumbamientos; pero en frías, ¿quién velará insomne, temiendo que se caiga algo, si al ruido del reloj se va cayendo todo? Edificada sobre una roca, con muy hondos cimientos, bien defendida por un castillo, patrimonio de una familia poderosa, poblada de gente hidalga y rica, ved que la roca se desmorona, los cimientos se ciegan, el castillo es soledad de ruinas, la familia poderosa pierde su natural opulento, los habitantes hidalgos y ricos se dispersan; ¿qué culpa tengo yo de que la sombra de Jorge Manrique llore elegías sobre esta ciudad, asomada á la altura de an cerro, con el aspecto de un suicida que sondea en el espacio la temerosa pregunta de Hamlet? Hace tres ó cuatro años, la torre de la iglesia, cansada de esperar la caída inevitable del torreón del castillo, dijo: pues allí voy yo y cuando los habitantes de frías volvieron de su asombro, lo que fué torre de su iglesia, eia cantera desordenada. En la calle de Medina, que fué la principal de la ciudad, y donde labraron sus moradas los hidalgos del valle de Tobalina, no queda ya más que un vecino. Tampoco van muchos años desde que cayó con gran estrépito buena parte de la roca, en la qtte se asienta el teíneroso torreón, habitáculo de los duques, y unas ciíantas casas de la pendiente y del llano quedaron aplastadas bajo sus escombros. Del castillo, que debió de ser hermoso y rico edificio, no quedan más que los muros almenados abajo, y el torreón, casi inaccesible, arriba, en la cumbre de la socavada roca, sosteniéndose en pie por un milagro de estática ó acaso por la costumbre, has. ta que un día diga: ¡allí voy! lo mismo. que la torre de la iglesia, y baje rodando al llano con su hermosa reja respiro de damas y codicia de galanes, sembrando estragos y muertes.