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X S x vt Xl Xv 1 0 MODERNOS ASHAVERUS Francfort, la ciudad judía, nos asombra apenas descendemos del tren y contemplamos la gigantesca estación. Lo primero que nos dicen es que es grande, es verdad; pero hace falta, porque por ella pasan 500 trenes todos los días. También la ciudad es inmensa, aunque la población sea relativamente clnca 3oo.ooo habitantes escasos; -pero si los millonarios judíos no disfrutan de cierta holguras, ¿quién la va á disfrutar? ¡Y vaya si hay aquí millonarios! Los modernos Ashaverus siguen siendo los amos del dinero. En Francfort existen, según la última estadística oficial- -porque en Alemania hace mucho tiempo que rige el impuesto sobre la renta, -831 ciudadanos que poseen 50.000 francos de renta, 225 que tienen 125.000 francos, 10 con 150.000, 11 con 200.000, siete con 250.000... Hay un caballero que tiene 2.800.000 francos de renta; otro con 3.200.000, y uno, en fin, que el pobre no cobra todos los años mas que la miseria de ocho millones de francos... A éste ya le habréis conocido... Es el señor de Rothschild... ¡Rothschild! ¡Oh, la, la! Rothschild es el nombre mágico que aquí oís pronunciar con respeto lleno de devoción, Fn la Bo rnestrasse os ensejaan una casita modesta, pequeñita. limpia y cuidada. FZs la cuna de los Rothschild; allí habitó el fundador de la dinastía... Y veréis á los buenos judíos que, al pasar, se descubren, ni más ni menos que si pasarem por delante de un lugar sagrado. Luego no nos hablan más que de Rothschild... ¿Sabe usted? -nos dicen. -Cuando los agentes del fisco fueron á pedirle la cifra exacta de su capital aquí para el pago de los derechos, r- t buen hombre los FRANCFORT. LA CATEDRAL miró sonriendo, y exclamó: ¿Quieren ustedes que les diga la verdad? ¡Pues no lo sé! Y cuando el Municipio hizo un nuevo trazado de la Bcernestrasse, Rothschild se tesisno a tirar su casa... Hubo que socavar los cimientos y trasladarla, tal como está, siete pies más allá... ¡Oh! Esto costó más, mucho más que la construcción de una casa moderna de novísima planta. Después de Rothschild vienen los nombres de EHisscn, de Stern, de Mumm, de Dreyfus, de Hirsch, de Metzler, de Grunelius, de Weinberg, de Hahn, de Goldschmit, de Goutard, de Neufville, de Betlimann, de Gans, de Werteimber, de Rosenthal, de Jacobson. Naturalmente, todos judíos 3 todos millonarios. En Francfort hay un millonario por cada 269 habitantes. Mientras los judíos hacen millones, los católicos hacen chistes. Es menos práctico, pero indudablemente resulta más cómodo. Los chistes son siempre á costa de los israelitas, y en todos ellos pretenden ridiculizar la manía comercial de los n) odernos Ashaverus. Hay. un chascarrillo que ha llegado hasta los escenarios de los teatros, según el cual, viajaban á bordo de un bote vanos marineros, un aldeano, dos sacos de manzanas y un judío. De pronto apareció una ballena... Los marineros echaron al cetáceo los sacos dé manzanas y después n taburete de madera, todo lo cual fué devorado en el acto. Discutieron á bordo á quién habría que lanzar al agua par que la voracidad de la ballena se calmara un poco, y todos convinieron en arrojar al judío. Pero el animalito tenía hambre atrasada y pedía más aún... Entonces el condenado fué el aldeano, que apenas cayó al mar se le tragó la ballena, del mismo modo que se había tragado antes al judío, los sacos de manzanas y el taburete... En tanto, los pescadores lograron ganar el puerto, y ariuados de arpones y aparejos dieron caza ala ballena. Cuando la abrieron el vientre retrocedieron asombrados... Subido en el taburete vieron al 9 judío que vendía las manzanas al aldeano... Los entierros judíos se hacen de noche... Cuando veáis pasar un coche cubierto de amplios crespones negros que arrastran por el suelo, no preguntéis. Son los fúnebres despojos de un judío... Y á lo largo de la calle por donde el cortejo pasa, observaréis que FRANCFORT. EL TEATRO DE LA COMEDIA todos los transeúntes meten la mano en el bolsillo y comienzan á hacer sonar el dinero que llevan... Es un talismán, uríporle- bonheur aquA dinero... Me aseguran que da suerte y fortuna... Y cuando veo el cortejo de los paños negros, meto disimuladamente la mano en el bolsillo y me acompaño ai andar con el tintineo de las piezas de plata... ¡Por si acaso es ver. ad. JosF luAN CADENAS, l MBí i W M F