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Jacobo. las playas deben ser una especialidad en encuentros; producen el choque de amistades como si fuesen olas. Daté las gracias á mi mé lico por haberme mandado baños. María Teresa. Í ¿Usted vi- ne á bañarse? Jacobo. señora; soy de los que veranean á viva fuerza; me meto en el agua, y cumplo con el doctor, y, sin quererlo, con la moda de salir de ca. sa, ¿A usted no le gusta el baño de ola? María Teresa- -Mucho; pero mi médico, al contrario del de usted, liie lo tiene prohibido. Vengo con unas Jacobo. L última noticia qne de usted tuve fué la de su boda. Y desde aquel momento perdí, sin quererlo, la curiosidad por su vida de usted. Cuando se casa una mujer, se le acaba la historia. María Teresa. -O empieza entonces. Jacobo. n muchas, claro que sí. Pero la mujer honrada, ya se dijo, no tiene historia. Más que del azar gusta del azahar. Y el historiador se queda con el papel en blanco y la pluma en el aire. Se casó... ¿Qué más pudo hacer... Y ahí se acaba el cuento. Sf, f V amigas, que se empeñaron en traerme... Usted no está en Madrid, ¿verdad? Porque no habernos encontrado nunca... Jacobo. -yí. divorcié del mundo como los santos y los insociables. Vivo en el campo como un magnate venido á menos; filósofo rural, sin ansias ni preocupaciones, cuido mi hacienda casi como un siervo de la gleba, amo á Dios, vivo tranquilo y ando siempre en mangas de camisa. Pero es imperdonable mi olvido. ¿Cómo está su esposo, de usted? María 7 í ía. -Murió. ¿No lo supo usted? En la primavera hará diez años. María Teresa. S: si enviuda, ¿qué pasa? Jacobo. o dando que hablar al historiador, nada. María Teresaríe, Jacobo sonríe) María Teresa. -Pnes se me acabó á mí el cuento, como usted dice... A la edad en que muchas mujeres toman marido, yo lo perdía... Fué el mío un cuento muy cortito... No dirá mi historiador que le di que hacer. y Yo me atrevería á pedir á usted que me contase ese cuento. Debe ser muy interesante. María Teresa. -Al contrario; un cuento muy soso... sin fantasía, sin vuelo... Un matrimonio de conve-