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ANO XVIU KEVISTA ILUSTRADA DE 1908 N U M 907 M A D R I D 19 D E S E P T I E M B R E 1 W -Mfefr f KIv XvJLZO gotas de aguarnarina, y no acierta á desentrañar lo que busca, mientras ella, mirándole la chalina, la juzga de tan buen i usto y bien hecha como las que usara Jacobo á los veinte años. acodo. ¡Sorpresa m á s agradable... Ma 7i a Teresa. -Para m í lo es m u c h o P e r o n a d u t a n natural como que se e n c a e n t í e n dos a n t i g u o s a m i gos. D i g a n lo q u e q u i e r a n el m u n d o es m u y chico, y se e n c u e n t r a n h a s t a los q u e n o s e b u s c a n (Ríe gra cíosamenie. t; n una playa de moda y á la hora elegante en que se congrega frente al mar la pifia madrileña. María Teresa, viuda consolada á fuerza de tieinpo, y j a c o b o poeta inconsolable á fuerza de celibato, pero solterón modelo y feliz, se encuentran después de muchos años. Al reconocerse se saludan, con más atracción curiosa que cortesía. Vale tanto como decir que fueron novios del primer amor. Jdcobo halla fragantes los treinta y cuatro años de María Teresa, y ella estima, sonriendo, r n poeo obesos y pesados los cuarenta de su primer amor. Tras eLsaludo viene, con la pausa ligera, la mirada rápidamente sondeadora de piel adentro. Kl busca más allá de los ojos de ella, que son dos