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MESARLVUELTA la trucha ha adquirido completo desarrollo, y, lo que es sorprendente, está domesticada. Por la mañana, cuando su amo va á verla, saca lá cabeeita del agua cuando la llama, nada por la superficie y coge la comida de su mano. El pez reconoce al amo perfectamente, pues á nadie atiende cuando la hablan más que á él. una escalera, se puso tranquilamente á descolgar un reloj del muro. Hallábase en esta operación cuando el Rey entró en la estancia, y el ladrón, al verle, le dijo fingiendo la mayor ansiedad: ¡Ay, señor, me parece que se escurre esta escalera! Luis XIV, creyendo que se trataba de uno de sus servidores, y para evitar u n a desgracia, acudió y sostuvo la escalera con sus manos hasta que el hombre descendió con el reloj, que pensó llevaría á componer. Algunas horas después el Monarca se enteró de que un magnífico reloj había desaparecido, sin que se supiera quién se lo había llevado. -No me digáis más- -contestó el Rey. -Soy cómplice de ese robo, porque yo mismo he tenido la escalera al ladrón. 1 A AGUJA DEL RELOJ Volvía DeliUe de casa de unos amigos á media noche, cuando se le acercaron dos hombres de aspecto sospechoso que indudablemente no venían con intenciones pacíficas. Uno de ellos se adelantó un poco y le preguntó qué hora era. Delille se hizo atrás, y desenvainando la espada, le contestó: -A estas horas, mi reloj no tiene esfera sino esta aguja. La presencia de ánimo del que creían sorprenderles desconcertó y siguieron su camino más que de prisa. p MPERADOR Y POETA Queriendo Augusto bromear con un poeta que le había enviado unas composiciones en verso, le hizo venir á su presencia y le dijo: -No he encontrado medio mejor de recompensar tu talento, que suplicarte que aceptes este epigrama escrito por mí. El poeta cogió el epigrama, lo leyó, dando muestras de grandísimo entusiasmo, y, sacando su bolsa, la ofreció al Emperador, diciéndole: -Gran príncipe, yo quisiera tener bastante oro para recompensar tus hermosos versos, pero esto es todo lo que poseo. A Augusto le hizo gracia la indirecta, y le hizo en el acto un espléndido regalo. pRUEBA DE LIBERALISMO En la época de la revolu ción de Julio, en Francia, paseaba Mr. Briffault poruña de las calles de París cuando uno de los vencedores se le acercó con gesto amenazador. Llevaba entonces todo el mundo la escarapela tricolor, y Briffault no llevaba más que las cintas de la Legión de Honor. ¡Alto! -le gritó el patriota. ¿Por qué no llevas en tu traje el emblema de la libertad? -Ciudadano- -le replicó, -precisamente gvara probar que soy libre. DIÁLOGOS DEL TIEMPO REFRANES ILUSTRADOS De fuera vendrá quien de casa te echará. íOH, LA AMISTAD. l ¿Conque ya se fueron sus amigos del alma? S í señora; ya dejaron esta sucursal del infierno. ¿Y adonde han ido este verano? -A Bayona de Galicia. ¡Qué graciosos son, -Mucho. Y sobre todo, cuando se van de viaje. ¿Sí, eh... ¡Oh. ¡Cuando van de viaje son deliciosos! Y particularmente con las personas de su predilección. ¡Cuénteme usted, cuénteme usted! Porque á mi me hace mucha gracia ese matrimonio. -Pues este verano, para justificarme el cariño que me profesan y la confianza que les inspiro, me han hecho depositario de dqce tiestos... ¡que me río yo del Jardín Botánico! Pa- aprender, es necesario perder. ANÉCDOTAS p L RELOJ DE LUIS XIV Un ladrón tan osado como se reno halló medio de penetrar en las habitaciones de I uis XIV. y encaramándose en