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Í- Xítamos en plena temporada cinegética... Diana ha tocado en su trompa de caza el sonoro alali... Los cazadores, dormidos durante la época de la veda, salen de su sueño al oir el toque. Nada de extraño tiene que los cazadores se despierten al toque de DianaY una vez cazado este chiste, sigamos adelante. seis leguas á la andada para matar una perdiz, y herir á todas las que se les van (pues siempre las que se van VAN HERIDAS) Este tipo de cazador es el más abundante en las grandes poblaciones. lío hay por los alrededores de la corte monte libre. Todos están arrendados por juntas de accionistas, y generalmente los accionistas son buenos sujetos que cazan por higiene ó por aliviar las fatigas del mostrador. Estos simpáticos cazadores son los más entusiastas, comentan todos los tiros, murmuran de los compañeros y de los perros de los compañeros (que son siempre unos chuchos indecentes) se pasan la semana entera hablando de los conejos y... ¡así anda entre tanto la venta de cromos y grabados! Otros mil tipos dignos de estudio existen entre la dilatada familia de Diana. Hay uno, que pudiéramos llamar el cazador- catálogo que es curiosísimo. No le falta un detalle. Parece haber adquirido un Tratado del perfecto cazador y haber ido copiando una por una las principales láminas. El entusiasmo de este aficionado reside en la toilette. Si no fuera por lu- Farahablarde caza no es necesario ser muy inteligente. Con manejar d o s ó tres t é r m i n o s técnicos y con soltar entre dos frases del oficio quince ó diez y seis m e n t i r a s asunto concluido. Todo el mundo p u e d e ser c a z a d o r y codearse con los buenos aficionados. Todo el mundo, menos los filósofos, Porque los filósofos van siempre en busca de la Verdad, y ¡cualquiera encuentra á dicha señora entre cazadores! Esto de mentir es el único carácter común á todos ellos. Fuera de esa fea costumbre, puede afirmarse que no hay dos cazadores iguales. Sus especies y variedades son infinitas. El vulgo tiene una idea muy equivocada de lo que es un cazador. Para los que no han visto cazadores más que en el teatro ó en las viñetas délos periódicos humorísticos, un cazador es un ca overa que para engañar á su mujer dice que se 7 ja de cazay tiene luego que comprar un. par de conejos para que se lo crean. Precisamente este tipo es el más falso de todpSí; ¡Buenas están hoy las mujeres propias para irlas con el timo de los perdigones... del doble cero... E l recurso está mu 3 gastado y ya no se emplea. Además, el que en estos tiempos se vuelve bolo prefiere confesarlo á gastarse el dinero en dos animalitos, cuya procedencia es siempre conocida por la señora de la casa. Quedamos, pues, en que el cazador que, todos nos: Sabemos de memoria ha desaparecido. Eos aficionados verdad son ptra cosa. O son gentes ricas que practican ese sport aorao losjpractican todos, ó son modestos comerciantes que descansan de sus tareas semanales metiéndose los sábados por la noche en un incómodo vagón de tercera, llegando á una casa de campo que parece hospital por el número y disposición de las camas, y tirándose al día siguiente cir las polainas, el bombacho, ia americana de pana, el sombrero tirolés, la escopeta enfundada, el morral, el perro, la canana y el capote, no saldría de su casa. En el monte se aburre, y lo que él quisiera es que, mientras van cazando, le viese ella.