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i. i Cuando iba á versificar, ardiendo en inspiración, rompió de pronto á cantar el grillo de mi balcón. Sufrí no flojo quebranto sospechando un desafío, y para escuchar su canto quise suspender el mío. ¿A qué cantar á la vez en tan rara competencia, sí no h a de salir un juez que dicte justa sentencia? Luego, con ciego furor, renegando de mi suerte, pensé á tan necio cantor darle en seguida la muerte; pues su canción proseguía, y entonces me figuraba que en su labor insistía porque de mí se burlaba. Mas, pronto me convencí, ya mis nervios en el fiel, que ¡aun cantando para mí, desempeña su papel... Ni su voz ni su estribillo merecen censura tanta... ¡Para algo se tien un grillo, y es mejor el que más canta! he sacan de su agujero no más que como cantante; se le pone prisionero tan sólo para que cante; y él cumple con su deber ofreciendo al ciudadano toda el alma de su ser en las noches del verano... ¡Cri, cri... Su voz es molesta para muchos criticones; Mas no tiene otra, y con ésta se ufana en nuestros balcones. y... Quien menos y quien más, en sentido figurado, canta para los demás con la voz que Dios le ha dado. Y hay también muchos cantores, pobres y vanidosillos, que la dan de ruiseñores r. y cantan como los grillos. GiL P A R R A n o JtiUj ij iíi. íf, SSjSf M. V V ií