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WAGNEROPOLIS I A TETRALOGÍA- ¡No temáis que os pronuncie un discurso! -exclanlan generalmente los oradores al comenzar una lata- de dos horas. ¡No temáis que os vaya á descubrir Bayreuth! -me apresuro á deciros al escribir estas cuartillas... Todo el mundo ha estado en Bayreuth y cada escritor se ha considerado en la obligación de confiar al papel sus impresiones personales... El que no ha venido á Bayreuth ha leído, por lo menos, un libro d é l o s infinitos que hay publicados... Si yo escribiera algo en desacuerdo con lo que esos libros dicen correría el peligro de no ser creído... ¡No temáis, pues, que os vaya á descubrir Bayreuth, la Meca del wagnerismo, el trono dónde Mad. Gósiiná triunfa y el joven Sigfrido se da tono de compositor! Y, sin embargo, no quiero dejar de resumir mis impresiones en uña sola, pero é- sta cierta, absoluta, definitiva... ¡La semana Avagñerista me ha aburrido... Caigan sobre mí vuestras censuras, burlaos de mí, insul tádiue si queréis, ¡oh, furibundos apasionados del ciclo wagneriano... Yo os confieso que he resistido la Tetralogía entera, y que he llegado alfinal del Crepúsculo rendido, fatigado, sin fuerzas... Y, no abstánte, yo también soy un ferviente wagnerista... ¿Por qué todo esto que, en pequeñas dosis me ha parecido admirable cuando lo he visto en Madrid, en Berlín, en París ó en Viena, aquí lo he encontrado aborrecible? Esta pregunta me la he hecho varias veces sin poder hallar respuesta satisfactoria. Quizá la solemnidad de la representación nos predispone desfavorablemente; quién sabe si el elenco no es de lo más escogido; seguramente estos actos de dos horas y cuarto destruyen los mejor cimentados entusiasmos... Y no quiero creer á los que dé aquí han salido locos de admiración y han escrito copiosos libros para describir nota por nota el ciclo wagneriano... Nó, esos señores son distinguidos zOT í aí que nos han tomadoel pelo, porque yo aseguro que en Bayreuth es precisamente donde peor se cantan las obras de Wagner y donde más pobre, y raquítica es l a. tnise su sceite... En cambio: es el único escenario. del mundo donde á la hora de los aplausos se atreve á presentarse el joveJí Sigfrido á recibir la ovación: que el público tributa á su señor padre... Y no sale, también Mad. Cósima porque la pobre está muy vieja y ya no puede. con los achaques. Pero es curioso el viaje á Bayreuth, ya que, no: por ver la Tetralogía, por estudiar al público que á las representaciones asiste... Este año, ha descargado una nube de yanquis que se aburren más que nadie, y adem. ás tío lo disimulan, porquese. echan cada siesta en la butaca que enciende el pelo... Después de los yanquis son los rusos los que han: acudido en mayor número al ciclo actual... Franceses, muy pocos... Willy ha pas e a d o p o r aquí durante una semana su célebre chistera de alas planas... Este público abigarrado y extraño lien a, el teatro á la hora de representación y discute después... Hay señores que salen dando gritos. de entusiasmo, inie. ntras los pacíficos los miramos preguntándonos si se habrán vuelto locos... Hay también princesitas alemanas que siguen el curso de la representación con la partitura delante de los ojos. Hay directores de orquesta llegados de lejanas tierras que no hacen más que poner reparos á la dirección. Y esto no; ¡vive Dios! Porque es preciso hacerla peregrinación á Bayreuth para escuchar la más asombrosa interpretación orquestal de la Tetralogía. que soñarse puede... ¡Núnca! exclainan los críticos peregrinos. ¡Nunca se reunió orquesta más perfecta! i Jamás, la batuta de Hans Richter estuvo tan inspirada! Y público y crítica, al terminar la representación del Crepúsculo, apenas extinguida la vibración del último acorde, uniéronse para consagrar en un aplauso formidable á Hans Richter como el primer director del mundo... Pero Hans Richter se había quedado en mangas de camisa y se limpiaba el sudor, si ocuparse para nada del entusiasmo delirante del auditorio... Fué Sigfrido Wagner. el que se presentó en el escenario á recibir los aplausos, meloso, sonriente, luciendo su perfil de pelucona y su posse fotográfica... ¡Claro! El aplauso se debilitó, las princesitas alemanas volvieron la espalda, hacieíado un molain, y los yanquis, que se haleían despertado sobresaltados, salieron bostezando... JOSÉ JUAN CADENAS. DJBU 0 DE AIESINA VfHA