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mESARLVyCLTA GIGANTESCA La Srta. Marliede es una tirolesa, de dos metros, cuarenta y ocho centímetros de estatura y bastante agraciada, que se exhibía en las barracas de feria como fenómeno. El Sr Clive Carill es un inglés de dos metros, cincuenta y siete centímetros de talla, pero como es un rico propietario, no va á las barracas sino por diversión. Ambos colosos se encontraron recientemente en el Hipódromo de Londres, como actriz y como espectador, respectivamente, y el caballero quedó prendado de la gigantesca muchacha. En presencia de todo el mundo se lo hizo así presente, y el público rió en grande de la escena creyéndola preparada. La misma interesada reía de la broma, y un representante de la empresa se acercó al altísimo galán para rogarle que terminase la escena cómica. AI día siguiente impidieron la entrada en el circo al señor Carill para evitar que se repitiera el espectáculo, y él esperó pacientemente al fin de la función, y al salir la Srta. Marliede, la hizo su declaración en serio. Su proposición fué aceptada y, hechos los preparativos de la boda con toda rapidez, ésta acaba de elebrarse. No cabe duda de que esta pareja puede exclamar como tantos enamorados, pero con más razón que todos ellos juntps: ¡Hemos nacido el uno para el otro! B ODA CIENCIA FUL El profesor alemán Hoeckel ha publicado recientemente un libro para probar que el hombre desciende indudablemente del mono; y para apoyar su tesis h a incluido en sus páginas una porción de grabados. Pero ahora sale otro profesor, igualmenté alemán, el Dr. Boss, de Jena, acusando á Hoeckel de haber engañado al público á sabiendas. Según Boss, el Dr. Hoeckel ha cogido de otras obras varios dlb jos y los ha alterado hábilmente para transformar en embriones de animales superiores embriones humanos, suprimiendo éstos ó aquellos órganos que convenían á su tesis, y alterando á su antojo la forma del cráneo y la espina dorsal. Para probar plenamente la frescura científica del doctor Hoeckel, se reserva Boss la publicación de los dibujos originales enfrente de los arreglados. ¡Ay, que siento una fatiga! Yo no sé lo que me pasa. Unos cjitos azules se me han clavado hasta el alma. ANÉCDOTAS rN PUEBLO RISUEÑO Los tyrinthianos eran, según se asegura, gentes tan tentadas de la risa, que por todo soltaban la carcajada y de nada podían tratar seriamente. Cansados de su ligereza, acudieren al oráculo de Belfos, ue les auguró su curación si, después de haber sacrificado un toro á Neptuno, lograban, sin reírse, arrojarlo al mar. Con mucho temor de no poder salir airosos de esta prueba, la emprendieron, sin- embargo. Sacrificaron el toro y se reunieron en la orilla, habiendo tenido especial cuidado en que no hubiera por allí ningún niño. Uno, á pesar de todo, había logrado escurrirse y mezclarse á la muchedumbre, y, como trataran de echarle de allí, el chiquillo les dijo: ¿Qué? ¿Tenéis miedo de que me coma vuestro toro? Al oir esto, todos los ciudadanos se echaron á reír, y, convencidos de que su enfermedad era incurable, se sometieron á su destino. M CANTARES ILUSTRADOS p L GRAN TAMERLAN Este héroe tártaro, que tan feroz nos pintan algunos historiadores, hallábase un día en el baño distrayéndose con juegos de ingenio, cuando el poeta persa AmedirConani se presentó ante él. Jugaban á api ciar en dinero lo que valían las personas allí presentes, y el poeta dijo á Tamerlán: Yo creoque valéis tres monedas de plata. ¿Tres monedas tan sólo? -exclamó Tamerlán, -La sábana con que me enjugo vale dos; -Ya la tengo en cuenta- -replicó serenamente el poeta. Y cuenta un contemporáneo del Emperador que sonrió y no guardó aLpoeta persa rencor alguno. DIONISIO A Dionisio el Tirano pedía un favor Arístipo, sin conseguir que le escuchara. Entonces el filosofo se arrojó á los pies de Dionisio, y tanto le rogó, que acabó por obtener lo que pretendía. Algunos que presenciaron esta escena rnanifestaron al sabio Arístipo que era indigno de un hombre de su con- E L TIRANO No hay alivio á mi dolor, no hay consuelo á mi pemlla. ¡Ya murió la que me daba, pa com t xlsi cajetilla