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DE CECA EN MECA EL VENTORRILLO, DE jEAN VEBER un satírico manera de Goyá (el G- oya. de El ventorrillo, ó laáguingueíle en francés. Jean Veber es trajopintorgallinas, áellainiciador de este, género medio los Caprichos) quien imita, dígalo ó no. El que las fantástico, medio realista, fué Jerónimo Bosch, artista flamenco contemporáneo de Felipe II. Sus alegorías muestran lo vacío de todas las cosas; son una mezcla de burla y de tristeza lúgubre; e r a p a r a decirlo pronto- -lo que llamamos hoy un humorista. Observaba la Naturaleza, aunque no la reprodujo con la pácieijte fidelidad de Jean Van Eyck ó Memling. Lo extravagante de sus confecciones parece á primera vista hostil á la realidad. Esta misma extravagancia daba á sus formas más ductilidad y desenfado. Como observa Alfredo Michielo (este gran crítico de arte á quien debe tanto Taine, y á quien tanto saquean por ahí sin decirlo) Jerónimo Bosch (ó Van Aeken) introdujo en la pintura las escenas e gatideamus, de ruidosas francachelas, las kermesses flamencas. Fué el predecesor de los Brauwer, los Feniers, los Van Oalade y los Jean Sleen. Jerónimo Bosch, que creía en el demonio, que gustaba de las visiones trágicas, fué un rabelesiano antes que Rabelais. En sus cuadros, como eu los de Jordaens, se empina el codo de firme hasta la borrachera, se canta, se baila, se ríe. Pedro Brueghel fué un discípulo suyo, y Brueghel tuvo á su vez no pocos imitadores. Yo vi en el Salón la Guinguette, de Jean Veber, que ha dado margen á las protestas de algunos conséjales de París. E s un cuadro picante, o- aK oz humorístico. iSTo tiene á mi ver nada de obsceno como pretende uno de los ediles. ¿Qué dejamos para Navalcarnero? ¡Obsceno! ¡Qué cómico resulta este adjetivo en París, en este París en que tienen que llevar á las actrices á los Tribunales porque se presentan desnudas ante el público! ¿Qué hay de inmoral en este lienzo, en que se ií. golc al aire libre, en que se come, se baila y se bebe como en una kermesse de Feniers? Nada. Jean Veber ha tratado en el Ventorrillo, con el pincel mordaz y caliente que le caracteriza, la distracción dominical del parisiense en la hanlieu, la merienda campestre. El lienzo es grandísimo. En el centro se alarga una ancha mesa, en torno de la cual los comensales se besan, se abrazan; una mujer como las de Rubeus, amamanta á un chico; un burgués, en mangas de camisa, perora; otro duerme la mona medio echado sobre la mesa; un chico lame un plato; un pordiosero se arrastra sobre un carrillo pidiendo limosna; algunas parejas bailan el kake- wall; un imbécil se columpia en un trapecio; llega un automóvil; los que bajan de él parecen osos con cabezas de lechuzas... Del otro lado del Sena se dibuja París en una bruma luminosa, de la que destaca la torre Eiffel y un aeroplano. Ea cólera de los concejales resulta realmente cómica cuando se sabe que obedece á que han creído reconocer en el lienzo el retrato de Jaurés. Es de advertir que el Ayuntamiento de ÍParís ha adquirido mediante lo.ooo francos esta página pictórica de Veber. Cuando se oaga hay derecho á la crítica por absurda que sea. No olvidemos el sobadísimo consejo de Eope de Vega: Bl vulgo es necio, y pues que paga, es justo hablarle en necio para darle gusto. Un periodista h a tenido una interviú con Jean Veber á propósito de este destinado á la cantina lel Concejo municipal. No comprendo (ha dicho el pintor) la sorpresa de mis críticos municipales, que maldito si necesitan para beber, cuando tengan sed un cuadro austero, académico y solemne, El tetha fué escogido por el Municipio por estar en armonía con mi temperamento y con el género que cultivo. Ningún crítico ha visto en mi obra nada impúdico y ofensivo para el pueblo. Por lo visto no he logrado mi objeto, que era divertir al pueblo. No me exrilico la cólera municipal, y creo qué el público tampoco se la explica. FRAY CANDIL. DIBUJO DE MEDINA YERA