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la cual es pintoresca, cubierta de la espléndida vegetación de las regiones del Norte; el color verde de los árboles y plantas, discreto, entonado á la luz algo apagada que ilumina aquella hermosa tierra aun en los más claros y serenos días, y tanto los prados, como las montañas, como las aguas, percerian el encanto que los hace tan bellos si, por milagroso caso, se vieran un día iluminados por el violento sol que alumbra las costas andaluzas y levantinas. batir con terrible violencia las rocas escarpadas que sirven de base y fundamento á la que fué torre del homenaje del castillo, en donde están hoy los pabellones de los empleados y en la cual se hallaba, por tanto, mi vivienda. Hacen falta algunos meses de aclimatación para habituarse al inmenso ruido de los golpes de mar que en días de borrasca- son los más en invierno- -continuamente baten la laconmoviDie mole, como si el -í. 1, é. m -Míí- i. ir -j u oleaje, percatado del inhumano destino que la sociedad ha dado á aquel peñón, quisiera á viva fuerza suprimirlo y borrarlo del mapa. En los primeros tiempos ocurríame á menudo despertar sobresaltado al escuchar el estampido, muy semejante al del trueno, que las olas producían al estallar contra la granítica muralla, subiendo el agua á golpear las ventanas para caer después, con ruido de catarata, sobre la plataforma en que la torre se yergue. A. veces, mientras el temporal no ceja, no pueden l, a Isleta, de escarpadas orillas que hacen difícil su acceso y aun imposible si la mar está brava, hállase casi totalmente ocupada por el penal, aposentado en un antiguo castillo, al que sucesivas restauraciones y añadidos han despojado del carácter militar que allá en los tiempos debió tener, para dejarlo convertido en un desmantelado caserón lúgubre y feo. Nada más agradable que la Isleta durante la primavera y el verano; pero nada más triste y sombrío en invierno, cuando las olas, que sin obstáculo penetran en la bahía por la inmensa bocana, vienen á