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f fílESA RLVUELTA fL RIGOR DE LA ORDENANZA -Sufrirá usted dos días de calabozo por no ha- ber saludado al sargento. -Pero si es de mi pueblo y muy amigo mío. -Aunque fuera su padre de m ¿edtendña que respetarle. Crispín, borracho inveterado, presenciaba el descuartizamiento ae un atún enorme. Al abrir el pescado se le encuentra en el vientre una botella de cristal. ¡Diablo! -dice Crispín. ¡Ese es más borracho que yol ¡Se bebe hasta las botellas! -Amigo Calíuez, supongo que no dejará usted de ir esta tarde á casa. Habrá muchas mujeres hermosas. ¡Oh! Crea usted, amiga mía, que iré con mucho gusto, pero no por ver á las mujeres hermosas, sino por verla á usted. lALANTERlA MAL EXPRESADA A TODO HAY QUIEN GANE -Es verdad; pero éstas que pago son deudas de honor. ¡Ah! ¿de honor? -preguntó el obrero, y en el acto arrojó su pagaré á la chimenea. ¿Q é hacéis? -le dijo Jones al ver quemarse el documento. -Nada; convertir mi cuenta en una deuda de honor Paul Jones, impresionado, le abonó en el acto su in porte. CANTARES ILUSTRADOS ANÉCDOTAS N FKESCO Daba el duque de Borbón un gran banquete, y había invitado á tantas personas, que estaban dispuestas varias mesas. En una de ellas vio el duque que se había instalado un gascón muy conocido por su desahogo para colarse en todas partes sin más ni más, y ordenó que lo despidieran; pero para no avergonzarle delante de tanta gente encargó que le diesen la orden reservadamente. Fué un criado y le habló al oído, diciéndole que debía retirarse, y el gascón entonces, para disimular ante la gente, repuso con la tranquilidad mayor del mundo: -IvO mismo da que me sirvan vino tinto que blanco, y dele mil gracias al señor duque por esta delicada atención. Admiró tanto al duque esta serenidad cuando de ello le dieron cuenta, que dispuso que dejaran comer tranquilo al fresco. U pLEMA INGLESA Hallábase una tarde de invierno Julio Janin, el célebre novelista francés, en un café de Londres, de un compatriota suyo, y leía un periódico cuando un- inglés que estaba tomando un w tranquilamente, llamó al camarero y le preguntó: ¿Cómo se llama aquel caballero que está fumando un cigarro y lee un periódico junto á la estufa? -No lo sé, milord. El inglés se levanta y va al mostrador. ¿Cómo se llama aquel señor que está fumando y leyendo un periódico? -No le conozco, milord; es la primera vez que viene á este café. Pregunta entonces el inglés por el dueño, y le repite la misma interrogación y obtiene idéntica respuesta. Entonces se dirige á Julio Janin y le dice: -Caballero que fumáis y leéis un periódico, ¿cómo os llamáis? Julio Janin, para serviros. -Pues bien, señor Julio Janin, tengo el sentimiento de avisaos que se os está quemando el gabán. En efecto, hacía un rato que la estufa le estaba quemando el gabán y le había hecho ya un enorme agujero. Paul Jones, tratando de arreglar sus asuntos, quiso pagar todas sias deudas, y comenzó por las llamadas de honor que conceptuaba las más apremiantes. Un obrero que había hecho algunos trabajos para su casa se presentó con uno de los pagarés que había dado á sus acreedores, y cuyo vencimiento no llegaba nunca. Jones le dijo que no tenía fondos disponibles. ¡Cómo, señor, si estáis pagando á una porción de gente! Yo soy un barco perdiao en los mares de la yida; mi dolor la tempestad, y tú la lejana orilla. D EUDAS DE HONOR Te permito que te pintes, pero hemos d é hacer un trato: que yo te ponga el carmín en tu cutis saíhiado-