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-e ¿fü (r dtt ft Zt PSICOLOGÍA D E L T J E M P O p l veraneo agoniza. Pasadas las corridas de toros de Bilbao, la ¿gran semana de San Sebastián y las semanas más ó menos regulares de Eíl Escorial, eercedilla y Menibrillera de Abajo, una deprimente sensación invade el ánimo, de los yeraneaníes, Además, por esta época les también con ponerse enfermo. Hay que liquidar con el médico, y tengo que abonar á Gutiérrez el palco de los toros y veinte duros que me prestó en el Casino; conque tú dirás el tiempo que aquí podemos permanecer... De esta escena sale el acuerdo de dar por terminado el veraneo. Pero es preciso hacer una retirada hoizro sa, y para conseguirlo se inventan los justificantes más verosímiles. ¡Qué lástima tener que marcharse! -exclama ante un corro de veraneantes la señora. Peroáí? i le llama el ministro y no tiene otro remedio que acudir. Sin mi marido, La Cierva es hombre al agua. ¡Bueno andará ahora el ministerio... ¡Ya verán ustedes como mi Restituto acaba en cuanto llegue con lo de las tabernas- Todas éstas tonterías no tienen más objeto que disimularla necesidad de la niaretía. Otras veces el niño mayor es el que paga el pato. -Aquí nos estaríamos hasta Octubre- -dice el padre; -pero Julito tiene que examinarse en Septiembre, y hora es ya de que en Madrid api oveche estos quince días y repase sus asignaturas... Los que no tienen hijos estudiantes, íi áis 3 queda á los tales veraneantes muy poco dinero. El presupuesto que en Madrid formaron estaba mal calculado. Partidas imprevistas vinieron á alterar las cifras, y al venir Septiembre pocos son los colonos capaces de aguantar las primeras aguas. Unos perdieron al juego cantidades crecidas; otros se vieron arrastrados por sus familias á gastos excesivos; los más quemaron en las fiestas sus i 1 irnos cartuchos. A fines de Agosto todos están agostados, y el veraneo agoniza. Cierto qué esta regla no es general. Señores hay que precisamente en estos días emprenden sus viajes al extranjero. Lo más chic es aparecer hoy en la sección correspondiente de cualquier periódico como viajero que se traslada desde el punto de su residencia veraniega á Paris ó á Londres; pero ¡cuan pocos son estos afortunados si se les compara con la masa de burgueses que salen de su hogar con los días contados! Para éstos. son terribles los momentos actuales. El jefe de familia llama aparte á su consorte y le dice: -Hemos gastado más de l o q u e pensábamos. De las tres mil pesetas que trajimos apenas si nos quedan serscientas. Vamos á tener que marcharnos en seguida. La mujer al oír esto se asombra, porque las mujeres creen que el dinero no se acaba nunca. El marido replica enfadado, y á manera de explicación agrega: Si hubiésemos hecho una vida más retraída... la toman con e! tiempo, y se empeñan en convencerá Pero á vosotiras no os gusta privaros de nada. Las cuantos les rodean de que y a no es época de estairexc- ii. -ioncitas nos han partido. Pepito nos rp- i- M) (Ó fuera -Estos iudi -íduos se p r or ver uns-