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pesar de las excitaciones del postillón, y, atrevido, te- tolas da fuerzas para caminar, y ciiando la diligencia merario casi, asomarse al abismo y caminar siempre pasa por su lado, nos arrojan un montón de edehveis, la por el filo de la carretera, desobedeciéndolos manflor de la felicidad... ¡Acordaos de nosotros! las grita datos de la brida que le ordena arrimarse á la mon- el Dostillóu desdé lejos. Y ellas responden: Rogamos taña. Seguro de su firmeza, parece como que quiere por la dicha de todos. ¡Pediremos para vosotros la probarnos su agilidad y coloca las patas en el borde paz y la salud. del abismo, ni más ni menos que si fuera un equili ¡rjiablo de muchachas! ¿Quién las inspira tan lindas brista consumado. palabras? Y mientras la diligencia se aleja y el posDe vez en cuando vemos clavada en el camino una tillón canturrea monótono u n a tirolesa, nosotros cruz conmemorando una tragedia... A lo largo de la vemos avanzar el crepúsculo y otra vez nos sentimos carretera, cada cien pasos, encontramos un crucifijo invadidos por la suave melancolía que se desprende encerrado entre cuatro tablas, la imagen de un santo del paisaje... La nieve en los altos picachos se colorea ó de una Virgen... Los únicos viandantes suelen ser de rojo al recibir los postreros rayos del sol... Todo peregrinos ó cevotas que se dirigen á una ermita está callado... Una apacible somnolencia parece que allá en las alturas para pagar un voto que ofrecieran, va envolviendo los valles y las montañas... El aire es para dar cumplimiei- to a u n a promesa. tibio... Una estrella se enciende de pronto en el firEl postillón hace sonar la tralla y bromea con las mamento, y está tan cerca de nosotros que casi creedevotas, que no penséis que son viejas ni despreciamos poder cogerla con la mano... Del fondo del abisbles, sino lindas muchachas de trenzas rubias y pies mo surge un pelotón de nubes que envuelven la dili- 1 V É é ñ PASO OE LA SILLA DE POSTAS POR UN VENTISQUERO desnudos, que caminan apoyándose en el pasamontañas y recogiendo las florecillas silvestres que encuentran, para formar con ellas grandes ramos que luego depositarán en el altar de la ermita. A las bromas del postillón, las alegres devotas contestan entinando una canción religiosa, porque el can- gencia persiguiéndola como una escolta... Entornamos los ojos, y en esta hora suprema de tranquilidad y reposo, nos preguntamos: i ¿Qaé es la felicidad? Lejos, muy lejos, las alegres romeras cantan respondiendo á. nue. stras meditaciones: ¡La paz! ¡La salud! V la silla de postas avanza cascabeleando... JOSÉ IUAN CADENAS