Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EN LA SILLA DE POSTAS LOS ALPES reciben regularmente sus mercancía, pueden despachar á diario su correo y se abastecen adquiriendo las provisiones necesarias, para pasar el invierno; todo ello gracias á la diligencia... El viajero disfruta á sus anchas del paisaje... Cuando en una revuelta del camino surge de pronto un No; todavía no han llegado los modernos funiculares á escalarlas cumbres difíciles de los laberínticos Alpes del Tirol, y los mismos automóviles no se deciden á rec rrer las carreteras abiertas en la roca, asustados ante las curvas atrevidas, las pendientes rápidas, los UNA SILLA DE POSTAS EN LOS ALPES DEL TIROL zig- zao violentos del camino... Y es de desear que esto continúe así mucho tiempo, porque de este modo podremos disfrutar las delicias de un viaje en silla de postas olvidados de que existen potentes locomotoras, confortables coches salón y largas vías que ponen en comunicación directa las más apartadas regiones... Para visitar los Alpes no os encerréis en el Gotardo ni toméis billete en el Simplón, donde por espacio de 20 kilómetros caminaréis á ciegas, hundiéndoos en las entrañas de la tierra... lylamad á un postillón y ajustad con él la expedición eligiendo el carruaje y el número de caballos... Y si preferís hacer un viaje entretenido y alegre, tomad asiento en cualquiera de las diligencias que á diario emprenden la penosa caminata, haciendo el viaje en medio de un alegre cascabeleo... ¡Oh, yo os aseguro que no os arrepentiréis! Esta. s diligencias no pueden circular más que durante el verano, pues luego, cuando la nieve comienza á caer, las carreteras desaparecen como borradas por manos invisibles. Ahora los habitantes de las altas cumbres panorama espléndido, basta dar un. grito al cochero para qne éste se detenga... No huye el paisaje rápido como cuando viajamos en ferrocarril ó en automóvil... Le tenemos allí, nos recreamos en su contemplación mientras nos invade una suave melancolía, un dulce bienestar... Y luego vuelta á reanudar el viaje, hasta que á la caída de la tarde encontramos escondida en un valle diminuto una posada limpia y reluciente, bautizada con un nombre pomposo: Hostería del Águila N egra -Albergue del Cisne de Oro Hotel del Ciervo Allí se apea el viajero, cena con apetito voraz y se acuesta, mientras el postillón prepara el cambio de tiros, porque al amanecer hay que continuar el camino. Es posible que de este modo tardéis tres ó cuatro días en escalar una montaña de 2.000 metros qué un funicular subiría en hora medía; pero habréis contemplado el más hermoso espectáculo que la Naturaleza puede ofrecer... Y además, creedme, el mulo es más seguro que el funicular de cremallera Vadle avanzar lentamente, sin salir de su paso á