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IMPRES 10 N ES VERAMl EGAS Un político de alma iírica ó un lírico por influjo de los tiempoa cousagrado á la política, D. Víctor Balaguer, amante de lo bello y adorador de España, aun siendo nativo de Cataluña y entusiasta de la tierra natal, vio la maravilla de arte gótico que, á pocos kilómetros de Burgos y por el camino que de esta ciudad conduce á las costas montañesas, alza en deprecación sus pobres, ruinas, y abogando por ellas logró qi e las adquiriese y librara de total acabamiento la inarquesa de Villanueva y Geltrú, dueña actualmente de Fresdelval. Tengo por D. Víctor yf Balaguer grandes devociones, y en mis re i i Sf zos á su memoria muchos van por su buena obra en sustento del Xí ojival Claustro de los Padillas, único recinto del M o n a s t e r i o de Nuestra S e ñ o r a de i- Fresdelval que aún se conserva indemne del castigo de los años y de la brusca ignorancia de los hombres. La iglesia, que debió de ser fábrica meritísima, muestra ahora sus muros desmante. -ir, V lados, y de toda su pompa sólo han logrado salvarse las estatuas yacentes de don Antonio Manrique y doña L u i s a Padilla, que ocuparon uñ día labrado y común se, á pulcro al pie de las gradas del presbiterio, y la suntuosa sepultura del joven D. Juan de Padilla con su maraviilüsa estatua orante, obra del más prod i g i o s o y delicado cincel. T o d o s estos náufragos de la vica y del arte, ofrecen hoy sus efigies á la admilación de los unos y á a piedad de los otros n el Museo Provin. 1- cial de Burgos, sito eu 4 histórico Arco de Santa María, y bien merecen que el artista y el filósofo las visi ten, después de haber contemplado las deso -Híísí. i. v. ladas ruinas del Mo; iasterio fundado yenr i q u e c i d o p o r ellos para loor de Nuestra Señora de Fresdelval. EL CLAUSTRO DE FRESDELVAL. VISTA EXTERIOR Era el joven D, Juan de Padilla, tan, primorosamente esculpido en alabastro por Gil de Siloe, paje de los Reyes Católicos y predilecto de doña Isabel, la cual, retratando en una frase el carácter bi- avío y desenfadado del mancebo, le llamaba cariñosamente el mi loco Una locura harto leve le costó la vida, pues hallándose con los Reyes en el cerco de Granada, y como sintiera calor después de una de tantas refriegas como surgen en un asedio, despojóse del casco. en momento tan fatal, qué una flecha, disparada en fuga y al azar, vino á darle en la cabeza, matándole por la menor locura de su existencia, á él que las habría cometido tantas y tan grandes. Mucha pena tuvo la Reina Católica por la muerte de su paje predilecto, y ya que otra cosa no podía, mandóle erigir en la iglesia de Fresdelval, fundación familiar de los Padillas, rica sepultura, con la estatua del pobre joven arrodillado ante un, reclinatorio y, en actitud de orar, luego de haber leído el libro de rezos, abierto sobre un almohadón. Y si el cincel de Gil de Siloe no miente (que no debe de mentir instrumento de tantas bellezas) era el loco mancebo de buena estatura y rostro bien compuesto y lleno, algo respiugadillo de nariz sin llegar á romo, cuello robusto y manos finas. ¿Qué se le liubiera negado á él en este mundo, qué goce, qué preeminencia ni qué fausto, siendo, como le quiso hacer la suerte, hijo de familia ilustre y poderosa, j alcanzando, como alcanzaba, el maternal cariño de su. reica Isabel? Pues ved cómo en un lado de su sepulcro, que ornan pináculos, doseletes y estatuillas en prolija gala del arte ojival en su espléndida decadencia, dos niños, bellamente esculpidos, sostienen una cartela, en la cual FRESDELVAL i