Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Querido Sol: Yo que lie sido tu admirador más profundo; yo. que siempre he sostenido que como tú no ha existido nada tan bueno en el mundo. Yo, que en cien estrofas bellas t u s grandezas he cantado, y por darte coba en ellas más de una vez te he llamado el Maura de las estrellas. Con- I respeto maj- or que mereces por lo añejo de tu soberbio esplendor, voy á pedirte un favor y voy á darte un consejo. Y no lo tomes á risa, Cjuerido P t h o prt- cisa, si quieres en ouena ley seguir siendo el astro rey, que camines más aprisa. Pues circulas de manera que con razón se diría que tu brillante carrera es más larga que cualquiera carrera de ingeniería. Y no comprendo el por qué vas despacio, porque sé, por grupos de bronce y barro, que no caminas á pie, sino que vas en un carro. Aunque al pensar, se me alcanza que ó lo de tu carro es chanza, pura invención de poeta, ó no es carro y es carreta, ó si es carro es de mudanza. Y si es carreta, tampoco vas dentro cual limpio foco que irradia luz alba y bella; no, señor, vas poco á poco, porque vas tirando de ella. Y admiro tu sacrificio si al tirar tiras por ley; pero si tiras por vicio, será celestial tu oficio, pero es oficio de biisey. ¿A qué viene tu andar lacio, si es infinito el espacio y haj en él llanuias anchas? rEs que quieres ir despacio para lucir bien tus luaaclias? ¿No comprendes, lioinicida, que tu andar de caracol nos achicharra y liquida, y hay quien se pasa la vida diciendo: maldito sol? Pues no abuses, haragán; no pongas á la parrilla á los pobres que no van, no digo á San Sebastián, ai siquiera á Cercedilla. Cuando sales, francamente, me gusta tu roja esfera, y me gustas igualmente, ya salgas por el Oriente ó salgas por Antequera. Y cuando a l a aurora borras y al subir tu luz se aviva, no me quejo, porque, ¡porras! si sé que vas cuesta arriba, ¿voy á exigirte que corras? ¿Pero qué tienes que hacer al llegar á lo más alto? Responde: ¿no es descender? Pues, ¡caramba! pega un salto y ¡pafl te dejas- caer. Y ya verás como así bajas sin ningún trabajo, pues me figuro que ahí sucederá lo que aquí, í ue se va bien cuesta abajo. Toma mi súplica en serio, ¡oh deslumbrante amapola del celestial hemisferio! y baja, como la bola del reloj del ministerio. ¡Astro! ¡Reluciente astro! ¡El de resplandor eterno! ¡El que es padre en el inYiers. y en primavera padrastro, y en el verano un infierno! Mañana, de doce á una, cierra los ojos, no mires, y tírate, aunque la luna te repita inoportuna: No te tires! ¡No te tires! Tírate, porque ya están tostados á la parrilla los que, como yo, no yaa, no digo á San Sebastián, ni siquiera á Cercedilla. PEORO MUÑOZ SECA DIBUJO Q 3 A- NCÍ 1 A