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A LA VERBENA DE LA P A L O M A -Ole por las fanfarronas del año cincuenta y cuatio, con alicandó y esencia. -Muchas gracias, Cepnano. -Esas son las que usté vieit entadía por el barrio. ¿Ande se va? De verbena. ¿Y usté sólita? -Pues claro; tengo al mió con el- rmiiav, qjue no puede dar un aso. -Es posible que caiga por allí un ratí i. ¿Con tu novia? -La bate pupa. ¿Estáis de monos? -Un cacho. ¡Ay, hijo, pues sois más írígiles que los vidrios de Cadalso! -Póngase usté más p aunite la peluca, seña Patro, que, tras de ese bucle negro, se la ve á usté un rizo blanco. Es que no tengo costumbre de llevar este chismajo, y voy como un confitero de los que llevan los ramos. P u e s como antes la decía, V 03 en ca del Meliciano, que nos va á dar vina zurra ¿Y por qué? -De viiio blanco; una limoná más fría que la propia nieve. -rVamos, que vais á pasar la noche con tranquilidad y á tragos; hacéis bien; la vida es corta, pues yo, como toos los años, lie cogió el de Manila- -aunque ya me va pesas do, -me he recompuesto la cara con la cTeme que hace al caso; saqué del fondo del cofre los esplendores pasaos; tomé mis dos pildoritas; después, mi taza de caldo; le di la untura á mi hombre, que se quedó esploticando; me erguí, me lancé á la calle; los vecinos me miraron; uno de ellos, que es un chico que presume de anticuario, me dijo: Ole los bargueños gótico- floridos Paco, el del tres, dijo: Ahí las mozas coM liumor Yo, calle abajo, decía pa mis adentros: ¿Qué humor dirá este muchacho, ¿El hérpético ú el otro? En fin, que, como otros años, aquí estoy porque he venido, porque q edarse la Patro sin ver á su Virgencita rjln de la Paloma, no hay cas 1 que mientras que yo resp aunque venga renqueando, vengo, pues si no la veo paece que me falta algo. -Échese usté la peluca más pa la izquierda. -Canario, pues me la quito, ahora mismo. -Mía que se queda usté al raso; no la tire usté, señora. -Anda y que se vaya al diablo; peluconas no habrá en casa, pero pelucas, á cántaros, pues dende que á mi marío le dio por ponerse malo, me echa el hombre ca peluca que siempre me tie temblando. -Ya prencipia la kremesse. -Pues adiós, que eso es Sagrao. -Que siga usté presumiendo. -Aunque no haiga pa garbanzos; que te siente bie la zurra -Muchas gracias, seña Patro. ANTONIO CASERO DIBUJO DE HUERTAS ¿s: 4.