Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
L HIELO T J A llegado el estío, con sus molestias naturales. Es decir; empezó la reprise de las legendarias lamenta ciones propias de la estación. Despertando de su largo sueño, vuelven á circular entre nosotros las acreditadas frases: ¡Qué calorcito! ¡Vaya un bochorno! ¡Se va uno á derretir! ¡Esto es sudar... etc. etc. Respeto la división del tiempo arreglada por los que se dedican á esas cosas; pero creo que el calendario no delíería consignar más que las dos estaciones en que se divide el año, definidas en la siguiente forma: Invierno: época del frío, que nos hace suspirar por el calor. Verano: época del calor, que nos hace suspirar por el frío. ¡Santo espíritu de la resignación, santo espíritu de la conformidad! ¡Qué falta hacéis á todas horas en el mundo! Siempre que recuerdo el título de este libro clásico: El hombre y su lugar en la Naturaleza, se me ocurre pensar que el hombre no encontró todavía el lugar que le corresponde, puesto que no está bien en ninguno. La mitad de la vida se le va en protestas contra la otra media. Seis meses del año se ocupa en suspirar por los otros seis. Tal vez por eso se ha dicho que la vida es un suspiro. No pretendo hacer ningún descubrimiento al escribir estas sencillas reflexiones de filosofía barata, sino simplemente convertirme en eco del sentir general en estos meses desagradables: Junio, Julio y Agosto. Ha llegado el estío con sus molestias naturales. El padre Febo se siente padrastro y nos achicharra sin piedad, dando vida, además, á una serie de pequeños monstruos que colaboran eficazmente en la desdicha humana. Y con el estío surgen una porción de problemas que piden solución inmediata, y se alza también un ideal irrealizable como todos: vivir en el polo, no en el ardiente, claro está, sino en el helado, pues los dos existen, según el poeta... Los osos blancos, las focas y demás ejemplares de su fauna adquieren ahora ante nosotros ciertos caracteres de divinidad, y envidiamos á los esquimales, y creemos que los pingüinos son los seres más felices de la tierra. Parodiando al profeta, ya que no vamos al hielo, viene el hielo á nosotros. Activos é inteligentes industriales se dedican á satisfacer nuestras aspiraciones á precios reducidos, y el que tiene dinero puede ostentar en su mesa el cristalino cubo repleto de terrones glácidos ¡Sólo al verlos se nos hace la boca agua! Ya que no pueda uno usarlo al exterior para refrescar la piel, haj; -que contentarse con el uso interno. ¡Venga hielo para el vino! ¡Venga hielo para el agua! ¡Venga hielo para todas las bebidas, que las fauces secas y los labios ardorosos lo esperan con ansias de muerte! De hielo se atracan los que no se entretienen en buscar las causas ocasionales, los que no se preocupan del origen de las cosas. Cuantos caen en la funesta manía especulativa, se ven privados de tan agradable vencedor de los líquidos calientes. Porque la duda, la eterna duda que ha malogrado tantas grandes empresas, bate sus alas negras sobre el cristalino cubo repleto de terrones glácidos ¿Debe tomarse hielo en las comidas? Esta pregunta, al parecer sencilla, es la actualidad de todos ios veranos. Para contestarla, como diría el estudiante del cuento, unos dicen que sí 3- otros dicen que no... Unos y otros son médicos, higienistas, hombres de ciencia que se preocupan de la salud y de la vida de sus hermanos. Los que dicen que sí, defienden su opinión con razones poderosas, indestructibles; tan indestructibles y poderosas como las razones que esgrimen los que dicen que no. ¿A quién creer? ¿Quién está en el secreto? ¿Quién sabe la verdad? La duda bate sus alas sobre el cristalino cubo repleto de terrones glácidos Por mi parte, creo tener resuelto ese problema. Respetuoso con la ciencia, y seguro de que todas las opiniones de sus sacerdotes deben acatarse por ser puras, echo varios terrones de hielo en mi vaso de vino. Y después tiro el vino y el hielo. GIL P A R R A D O DIBUJO DE HUKRTA