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ÍÍL- Si- I S. í l KÜ- tó LA VIDA VIENESA N L A CONDITOREI l a parisiense tiene para su placer y regalo las aceras del bulevar y los escaparates de la rué de la Paix... La vienesa, más modesta, se contenta con la Conditorei... ¿Qué es la Conditorei? Es un salón lujosamente adornado, con muchas mesas pequeñas, donde unos camareros jovencitos, perfilados y elegantes, sirven, de cuatro á seis de la tarde, café con leche y golosos pastelillos jR- ffl 2 Lolotte, Fraulein Marta, Fraukiii Elisabeth vienen todas las tardes á la Conditorei, y s. vá. entre bocadillo y sorbo, leen los periódicos, charlan y murmuran, echando de vez en cuando miradas codiciosas á la calle, cada vez que oyen el rastrear del sable de un oficial que pasa arrogante, enhiesto el bigote conquistador, una mano en la cintura y ajustado- ¡oh, sí, muy ajustado! -en la estrecha malla del tricot. Porque la vienesa adora al oficial... Jeanette, una baronesita húngara- -todas las húngaras que encontréis por el mundo son baronesas, -me refería hace algún tiempo, en el café Bauer, de Berlín, sus amores con un oficial vienes. ¿Verdad que es lindo? me preguntaba Jeanette. La verdad es que á mí siempre me pareció un poquitín ridículo, un algo amadamado, pues no veo en él ni la elegante severidad del prusiano, ni la riqueza del inglé. s, ni la majestad del ruso, ni siquiera la sencillez modesta del español. Pero no era cosa de arrebatar á Jeanette esta ilusión, y asentía siempre que ella se entusiasmaba hablándome de la gallardía de las teresianas del corte impecable de las levitas y de las esculturales formas que aprisiona el tricot, bien justo, bien ceñido del pantalón... Como Jeanette pensaba, piensan también estas adorables Fraulein, que enloquecen por el oficial vienes... Mirad... Son las cinco de la tarde, y en este íntimo rincón del Grobe? i cae el sol de plano... Lolotte, Marta y Elisabeth han entrado en la Conditorei, y se han hecho servir sendos cafés á la crema que los jóvenes camareritos, muy tiesos, muy perfilados, muy correctos dentro de sus fraquecitos flamantes, las han traído al mismo tiempo que los periódicos del día: el Fremdenblat, la Neue Freie Presse, el hiteressantes Wiener Journal... ¡Oh! Este último, sobre todo, le devoran las vienesas, porque no publica más que sensacionales folletines de amor. Y leen comentando de vez en cuando lo que dicen los periódicos, mientras se toman á pequeños sorbos el café, se atracan de pastelillos y rebañan con la cucharilla el sabroso slaghshane, la dulce crema que corona los vasos como un artístico sorbete. Lee Lolotte los nombres de los extranjeros llegados últimamente á la imperial ciudad, nombres con los cuales llena páginas enteras de caracteres góticos el anciano Fremdenblat, porque Lolotte espera todos los días que se la presente el Principe Azul de los cuentos de hadas, ese príncipe que es para las muchachas soñadoras el pan de azucena con que alimentan todas sus anhelos juveniles. Marta es más reflexiva, y sigue desde X a. Neue Freie Presse losincidentes importantes de la política mundial... Su imaginación la transporta veloz á las tierras más remotas donde se produce un acontecimiento sensacional, y as- iste en primera fila, desde este rincón del Groben, á la repetition general celebrada en la Opera de París, a l a entrevista de dos Monarcas en ignctos mares, á la muerte de un torero en una plaza española... Sólo con entornar los ojos un poco Marta cree verlo todo, y únicamente sale de su ensueño cuando lee el relato de una catástrofe espantosa donde perecieran cincuenta, ciento, quinientos hombres... Entonces Marta, con el espanto retratado en el semblante, muy abiertos los ojos ingenuos y llena de consternación, exclama: Pero... ¡nos vamos á quedar sin hombres! Las novelas del Interessantes Wiener, Journal entusiasman á Fraulein Elisabeth que enloquece por los amores atormentados, los raptos en automóvil y las historias dolorosas... Y estas tres Fraulein pasan la tarde en la Conditorei, felices, contentas, saboreando el placer eminentemente vienes de comer pastelillos, tomar café á la crema leer y murmurar... De pronto óyese resonar sobre la acera el rumor acompasado de un paso firme... Marta, Elisabeth y Lolotte sueltan los periódicos y corren á las ventanas precipitadamente... ¡Al diablo la lectura! ¡Al diablo los, golosos pastelillos... Y levantando un poco los calados stores se embeben en la contemplación del bigote conquistador, de la levita entallada y del ajustado tricot... ¡Es un oficial que pasa! Pero él no las mira... Presumido, orgulloso y soberbio, el oficial marcha arrastrando el sable sin ver á nadie sin fijarse en nada, y Lolotte, Marta y Elisabeth vuelven á reanudar la interrumpida lectura. ¡Pobres pajarillos que alegráis las riberas del Danubio Azul... Jeanette tenía razón... Vuestros únicos amores son el vistoso uniforme del oficial vienes... y los pastelillos de la Conditorei. JOSÉ JUAN CADENAS