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DvNca REVISTA ANO XVlll ILUSTRADA f N U M 901 MADRID, 8 DE A OSTO DE 1908 J REVOLUCl ONARl A p y l d í a mismo en que cumplió la risueña edad de doce años Manolina quedóse huérfana de padre, y como de madre ya lo era desde pocas horas después de su nacimiento, Manolina hallóse sola en el mundo. No le faltaban á ia niña algunos vagos, remotos parientes, ni tampoco faltaban algunos amigos. Todos prodigaron ofertas de acogimiento, formuladas con un aire de compunción que era demasiado lastimero para no suponerle expresivo de una cordialidad entrañable. Pudo observarse en tan doliente caso que cada grado de efusión señalaba con exquisita puntualidad un grado de parentesco. Manolina pudo observar también, en medio de su natural aflicción y de su nativo aturdimiento, lo consolador que es tener parientes en el mundo. I a verdad sea dicha, ella, acaso por su parca experiencia de la vida, no hubiera esperado nunca hallar tanto visaje doloroso en rostros entrevistos unas cuantas veces. En su espíritu, impetuosamente inclinado al optimismo, abrieron á un mismo tiempo las flores del dolor y las del agradecimiento. A los cuatro días de orfandad la niña hallábase en su casa dispuesta á recibir con cierto ingenuo pavor las primeras lecciones de la vida. Era la tata, su vieja tata, quien la iniciaba en t; ¡es asperezas, ¿ablandóle por medio de sentencias y elementales máximas recargadas de simplicidad y de acedumbre. Manolina las oía con mucha tristeza; abría desmesuradamente los ojos, que eran celestes; abría la boquita, que era