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el talle quedan oprimidos. Por otro lado, innumerables corseteras o 2 afe ofrecen corsés higiénicos. Y en verdad que se está abusando de esta última palabra, á veces hasta la temeridad, ü u fabricante de Argel, conocido nuestro, puso hace poco tiempo á la venta un ajenjo higiénico, exportando inmensas cantidades de ese corrosivo. Y en Bélgica también tienen un anís higiénico. Esto permite esperar para un porvenir próximo la invención de un veneno higiénico para aderezar ciertos platos, y otras cosas por el estilo. Bromas aparte, se me ha presentado varias veces la ocasión de discutir con mujeres sobre una cuestión tan delicada como la del corsé; pero he tenido que convencerme de la inutilidad absoluta de todo debate sobre tal tema. De una manera general, es imposible discutir con las mujeres; la dialéctica más hábil y convincente es ineficaz, y se sustraen á ella con la mayor tranquili. dad del mundo. Un ejemplo: -Señora condesa: el corsé no tendría razón de ser si no oprimiese parte del busto y el talle. -Es un error, doctor; el mío no me oprime lo más mínimo, ¡ni siquiera lo sientol En tesis general, cuanto más gruesa es una mujer, menos siente la presión del corsé. Es extraño, pero asi es. -Veamos: si ese corsé sin elasticidad no le oprime un poco por lo menos, ¿para qué sirve? Si no hace mk fino el talle por cierta compresión, lo hace más gnieso por su propio espesor. -lyos hombres no entienden de esas cosas; lo cierto esqueseríairaposible vestirsesin corsé. Píelo ahítoáo. ¿Me permite usted una pequeña observación? -Sí; pero con seguridad que carece de sentido común. -Me condena usted sin oirme, condesa; parece esto un asunto Dreyfus en pequeño, pero me es igual; la verdad se abre paso siempre. Considere usted, señora, que si su corsé no le estrecha el talle no le sirve para nada; y si su fin fuese sostener algLina prenda del vestido, lo natural sería reemplazarlo por un cinturón elástico. Si oprime su cuerpo de usted- -y lo hace indiscutiblemente- -perjudica la íunción respiratoria... ¡Nunca... -O la circulación de la sangre. ¿I e ha hecho ella es? confidencia, doctor? Está usted mejor informado que yo; pero puedo asegurarle que mi sangre circula ini; y bien. -Perjudica además á la digestión. -En modo alguno; lo digiero todo, excepto las impertinencias. -Un sabio antropólogo ha comprobadoque el corsé echa hacia atrás la masa intestinal. ¡Oh! Por Dios, doctor. ¿quiere usted callarse esos horrores? -No me callaré, condesa, y aunque no quiera oírme, le diré que por esa desviación... ¿Cómo? -Por la desviación en cuestión ha engendrado el corsé en cantidades innumerables esas enfermedades que han dado tanta prosperidad, á la fabricación de los escalpelos y bisturíes. No sé si me haré comprender... ¡Oh, sí, hasta la inconveniencia... En fin, repito á usted, doctor, que una mujer no puede vestirse sin corsé, y que el mío no me molesta lo más mínimo, puesto que no lo siento. La cosa es muy sencilla; si me apretase, no podría llevarlo. Así terminan por lo general las escaramuzas de ese género. Pero no por eso es menos cierto que el corsé es el enemigo de la más bella mitad del género humano, la cual no admitirá nunca este hecho. Sin embargo, hay muchas mujeres, y de las más distinguidas, que reconocen los perjuicios de ese opreíor femenino. Diversas enque tcs hechas recientemente por algunos periódicos de Europa lo demuestran de un modo evidente. Entre las opiniones emitidas por algunas mujeres, ha 3 r varias verdaderamente notables por lo espirituales y decisivas. Ea esposa del célebre novelista alemán Heimburg contestó que no usaba corsé y que execraba ese instrumento de tortura. La Rejaney Mma. Baretta se declararon sus enemigas; y la Hading ha escrito á un periódico de París que desde su primera tóíí vííí? por el Nuevo Mando está por la guerra de la Independencia Se trata, presumo, de la independencia de los dos hemisferios. Para terminar esta cuestión insoluble. No hace mucho que uno de esos importunos que lo piden todo al Estado solicitó del Parlamento francés que votase la prohibición del corsé, ó que, por lo menos, crease un impuesto sobre esa coraza femenina. Pero se le olvidó el pedir que ese impuesto tuviesetincarácter. global y progresivo, proporcionado á la capacidad de las personas impuestas. JUSTO F O R N O V I OJBUJO DE ESP?