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PO REVISTA ANO XVlll ILUSTRADA f NÚM. 900 MADRID, i.o DE AGOSTO DE ¡908 Í 3 A -A fi ér- -i iSA- il- -íí iípíi J ve i- v 5 V SACRI F l C I O I J ace algunos años, y por causa de ciertos trabajos históricos que entonces ocupaban mi atención, estuve varios meses en Torre Imaz, en el soberbio castillo que alli posee el duque de Ibarnés, en donde se halla instalado el archivo de esa noble casa, uno de los más interesantes que hay en España por la multitud de documentos preciosos que en él se custodian, especialmente en lo que se refiere á la corona de Navarra. Pude contemplar allí un manuscrito curiosísimo, escrito en un latín bastante puro, cuajado (el manuscrito, se entiende) de preciosas pinturas que contiene la historia que voy á referir, y, como epílogo de ella, fragmentos, sin duda escogidcs, de un poema amatorio en romance, de lo mejor y más inspirado que he leído. I Los cazadores montaron á caballo en las primeras horas de la mañana en el patio de honor del castillo. Charlando con animación fueron todos hasta la Cruz del Alto, en donde esperaba el montero con las jaurías atrailladas, más de ochenta perros finos, lustrosos y bien cuidados. Acercóse á su amo, y, previa su venia, le dio cuenta del plan de z mont; ría. Pareció de perlas el proyecto al señor de Siete Villas- -padre de la bellísima I auta, por quien suspiraba lo más florido de la nobleza de aquellos contor-