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W- r. Li! Íli! ii. I III BVM EL AUTOR DE ESTE ARTÍCULO E. L. al Sr. M. Oirecloi- de BLANCO Y NJ; GRO, V tiene el honol de niaiñfustarle que estii completamente conforme con la nueva c a m p a ñ a iniciada piir el hace alíganos años v a l i e r a secundada por otros i l u s trados cscrjiores contra la lórniula del besamanasí. en tedas sus maniíeslaciones. Con este motivo tiene el ¡íusto de reiterar á su distinguido simigo D. Torcuato Luca de Tena Ja seguridad del antiííuo y verdadero afecto q u e le p r o lesa- Madrid 25 de Julio de 1008. ¿Y cómo no he de estar completamente de acuerdo con cuantos ahora renuevan esa lógica y razonada campaña contra tari vana fórmula, ridicula costumbre y estúpida antigualla, si desde que ésta vino al mundo ó, por lo menos, desde que vino á España, vivió ya con descrédito, censurada, combatida y satirizada poi personas respetables y por ingenios excelentes, aunque haya seguido durante algunos siglos firmemente sostenida por la insubstancialidad, la rutina y el pobre espíritu de torpe adulación ó de inconsciente servilismo? En los comienzos del siglo xvi ya el sandio y depresivo cumplimiento del desa la mano era fórmula inevitable en el trato corriente de cuantos presumían de buena crianza y en la correspondencia epistolar de las r rsonas distinguidas que se ajustaban severamente á las reglas establecidas por el uso ó se sometían con humildad á las ineludibles leyes de la etiqueta y de la cortesanía, más eficaces, inquebrantables y respetadas que todas las demás leyes humanas... y divinas. Pero apenas introducida esa costumbre é impuesta esa ley, ya, al finalizar el primer tercio de aquel mismo siglo, un sabio prelado español, obispo de Mondoñedo, predicador y cronista del emperador Carlos V, el ilustre D. Antonio de Guevara, famoso por sus trabajos históricos y muy particularmente por sus eruditas é ingeniosas Epístolas fatniliares- i satirizó con punzante gracia y censuró con firmes razones el naciente uso, oue le parecía cosa torpe y abominable. La primera epístola de la segunda parte del libro en que están las curiosas cartas del insigne escritor, lleva esté expresivo epígrafe; Letra para, don Francisco de Mendoza, obispo de Falencia, en la cual se declara, y condena, cuan torpe tosa es decir: besóos las manos Respondía Guevara á una consulta de su colega, que era también comisario apostólico, quien le pregunta. ba: qué harán dos hombres de bien, cuando se topan; es á saber, con qué palabras se han de saludar cuándo se ven, y qué dirán el uno al otro cuando se despiden... para que no los noten de malos cortesanos ó los acusen de groseros Después de contestar con muy sutiles razones y muy curiosos ejemplos de los usos antiguos y coetáneos en diversos países, dice refiriéndose al corriente en su tierra y en su época; Acá en nuestra Castilla es cosa de espantar y aun para se reir las maneras y diversidades que tienen en se saludar, así cuando se topan como cuando se despiden y aun cuando se llaman. Unos dicen; Dios os sostenga; otros: Manténgaos Dios; otros: Enhorabuenaiestéis; otros: Enhorabuena 7 jais; otros: Dios os guarde; otros: Dios sea con vos; otros: Dios os guie; otros: El Ángel os acompañe; otros: A buenas noches; otros: Con vuestra merced; otros: A Dios, señores; otros: A Dios paredes; y aun otros dicen: ¿Quién está acá? Todas estas maneras de saludar usan solamente entre los aldeanos y plebeyos y no entre los cortesanos y hombres polidos, porque si, por males de sus pecados, dijese uno á otro en la corte: Dios os mantenga ó Dios os guarde, le lastimarían en la honra y le darían una grita. Después de esta chistosa rociada á los cortesanos de aquel tiempo, que aún presentan algunos como modélo de religiosidad, empréndela el buen obispo con la fórmula consabida en estos expresivos y contundentes términos; El estilo de la corte es decirse unos á otros: Beso las manos de vuestra merced; otros dicen: Beso los pies de vuestra señoría; otros dicen: Yo soy siervo y esclavo perpetuo de vuestra casa. I,o que en este caso siento es que debía ser el que esto inventó algún hombre vano y liviano, y aun mal cortesano, porque decir uno que besará las manos á otro es mucha torpedad, y decir que le besa los pies es gran suciedad. Yo vergíienza he de oir decir: besóos las manos, y muy grande asco he de oir decir: besóos los pies, porque con las manos limpiámonos las narices, con las manos limpiamos las lagañas, con las manos nos rascamos la sarna y aun nos servimos con ellas de otra cosa que no es para decir en la plaza. Cuanto á los pies, no podemos negar sino que por la mayor parte andan sudados, traen largas uñas, están llenos de callos y andan acompañados de adrianes (ojos de gallo) y aun cubiertos de polvo ó cargados de lodo.