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ESCENAS PARISIENSES 1 p s PREMIOS DEL CON- Es una de tantas soleniniSERVATORlO dades á la que no falta la buena sociedad parisina. t a s invitaciones son solicitadísimas, y los críticos de gran circulación se ven asediados de peticiones. Yes. civrioso el espectáculo. Se presenta una señorita que canta la romanza de Manon como una gata, y la concurrencia aplaude desenfrenadamente mientras la familia de la concursante se liace ilusiones, pensando que yá tiene el primer premio en el bolsillo. Sale después un joven cantando Celeste aida! y las señoras se le comen con los ojos, si es guapo, sin fijarse en si canta bien ó mal. Para todos hay la misma cantidad de aplausos, el mismo, suceso como dicen aquí, y nadie repara en si la voz es buena ó mala. A veces una discípula se hace dueña de la concurrencia poríjue es gentil y no se la oye. Otras veces nos encontramos con una voz deliciosa, y el público haee gestos dando á entender que la propietaria de aquella privilegiada garganta es fea. Pero. todos esperan confiados que van á obtener el premio ambicionado, y por si los méritos propios no bastaran, han llenado á los jurados de cartas de recomendación, por aquéllo de que muchos amenes llegan al cielo Y se pregunta el espectador imparcial: ¿Para qué quieren estás buenas gentes el premio? ¿Qué van á conseguir con él? Todo el mundo sabe que no salen los grandes artistas de los primeros premios del Conservatorio, iAh, no! Al contrario... A Sarah Bernhardt ella misma lo cuenta en sus Memorias- -la dieron. un soberano disgusto estos señores del Jurado, negándola condiciones para la escena. A la Bartet, á la divina Bartet, la despacharon con una mención de segunda clase cuando se presentó en el Concurso. Son contados los artistas que han confirmado luego, én su carrera, el juicio del tribunal que los premió, pues ni Coquelin, ni Antoine, ni Réjane, ni ninguno, de los actores y actrices que están en candelero poseen el diploma visado por los quince sabios de la Academia ICacional de Música y Declaiuación. ¿Para qué se pelean por el premio? lyOS señores del Jurado tiemblan cuando llégala hora de decidir, porque saben de antemano que su fallo no será del agrado de la concurrencia, y discu- ten, conferencian, ctibildean en voz baja... luego, á solas, son verdaderas batallas las que libran entre ellos Por fin, cuando salen con la sentencia redactada, parecen condenados á muerte... No podéis figuraros la emoción con que el público espera la lectura... Nadie respira apenas... En la Sala podría escucharse elvuelo de vina mosca. -Primer, premio de. Opera. Mademoiselle Fulana! -dice el secretario del Tribunal con voz estrangulada... Y primero se escucha un rumor sordo cjue se extiende por toda la Sala; después, un aplauso cerrado; luego, unos siseos... ¡É s una infamia! -grita una señora echando chispas por los ojos... Ya supondréis que esta señora es la mamá de otra discípula que aspiraba al triunfo... En tanto, el secretario del tribunal continúa: ¡Primer premio de Tragedia... Y va leyendo los nombres de los laureados, que son acogidos siempre con los mismos rumores, con los mismos aplausos, con los mismos siseos. Al terminar la ceremonia es un verdadero escándalo el que estalla. Una parte del público aplaude rabiosamente, pretendiendo ahogar con los aplausos los gritos y protestas de los postergados... ¡Esto es inaguantable! dicen unos. ¡P avoritismo! exclaman otros. ¡Play que quejarse á la Prensa! proponen varios. Algunas mamas sufren síncopes más ó menos ensayados; muchas niñas se desmayan, y si os eslocáis en la puerta de salida para ver desfilar al pú. blico, advertiréis por cada cara alegre un centenar de ojos húmedos por las lágrimas... Y dan muchas ganas de consolar á estas pobres criaturas y decirlas: No lloréis, que no habéis perdido nada... Si sois artistas capaces de sentir hondamente la poesía de las grandes obras, vosotras las interpretaréis, y el público, juez único, inapelable, os concederá con sus ovaciones delirantes el premio indiscutible... ¿De qué os iba á servir este premio que os dieran aquí esta tarde los quince sabios de la Academia Nacional de Música y Declamación? Preguntad por los laureados de años anteriores, Se lian cansado de esperar la hora del debut, y después de su triunfo en el concurso han quedado olvidados, bscurecidos... No lloréis, pobrecitos ojos negros y azules, que no valen una sola de las lágrimas que vertéis esos quince sabios que os han postergado... Además, estos quince sabios de la Academia Nacional, como la mayor parte de los sabios, se eqirivocan siempre... Pero vean ustedes lo que son las cosas; com no conocía á ninguna de estas señoritas que aspirabaa al premio, me marché con el discurso embotellado y he decidido guardarle para el año próximo... JOSÉ JUAN CADENAS DJBUJO DE MEDINA VERA