Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
y las mujeres se dejan poseer de quien las mima y las trabaja. Nosotros la hemos trabajado. -Con nuestros brazos. -Porque los alquilamos por vuestro jornal, -Abusando de la necesidad para vencernos Tenéis íl dinero, y en este picaro mundo todo lo allana el dinero. -Pues es gran inocentada y torpe imprevisión venirse sin dinero á este mundo- -dijeron con desdeñoso sarcasmo los adinerados. Y envanecidos de su fortuna, hartos de los improperios y quizá temerosos de la amenaza y del reparto, resolvieron constituirse en potencia y vida selectas y separadas del común de las gentes, pensando que ellos por sí solos se bastaban, sin necesitar compañía ni ayuda de nadie, como no fuera de sus rentas y haberes. I,o s terratenientes vendieron sus heredades, los banqueros liquidaron sus negocios, los traficantes realizaron sus almacenes, y reducido todo á metal, ya amonedado, ya en barras, tomaron rumbo hacia una isla, que, por no deber nada á nadie, compraron para vivienda apartada y Estado independiente de la raza de Pluto. ¡Una ciudad de potentados! L, a reproducción del Paraíso, pero sin serpiente, sin la serpiente del hambre que, enroscándose en el estómago y mordiendo en él. emponzoña la vida, y sube á la garganta, y asoma su lengua aguda por la boca escupiendo maldiciones y blasfemias, y asciende al cerebro, engendrando allí los malos y torvos pensamientos. ¡Qué hermosura, qué paz, qué alegría, bienes aledaños de la abundancia! ¡Cuánto lujo en las casas, qué pulcritud en las calles, qué arte y gusto en los divertimientos, qué cultura en el trato! Y así esperanzados, van mar. adelante, sobre el precioso cargamento, aquellos argonautas al revés, que llevan á la isla el vellocino de oro en vez de buscarlo con desasosiego, fatigas, peleas y concusiones. Desembarcados, fueron recibidos por una legión de operarios de toda clase, cuyos jefes, ingenieros y arquitectos les entregaron las llaves de los suntuosos edificios para ellos construidos. Y hecha la entrega, la legión obrera embarcó de retorno en el mismo barco que condujo á la Iggión propietaria, dejándola á sus anchas, porque era cosa convenida que sólo habitase allí lá riqueza sin mezcla ni contaminación de la plebe de menestrales y menesterosos. ¡Qué felices las primeras horas pasadas en la contemplación de lo desconocido! El misterio de la novedad es el encanto mayor de la vida. La visita á los palacios, los paseos por la isla, el ejercicio al aire libre y puro de ella avivaron el apetito. Estaban hechas las plantaciones de jugosos frutos, líenoslos establos y la campiña de bien cebadas reses y aves, el mar de sabrosos pescados; nada faltaba, y, sin embargo, no había qué comer por el pronto. Arregláronse aquel día con las sobras de los víveres traídos en el barco, comiéndolos fríos y sin condimento. Aun esto añadió otro encanto y otra novedad para los sibaritas. La dieta es sana y hasta agradable cuando promete con la hartura venidera vengarse de la privación pasada. Tomáronla á burla y juego, y todavía, á la mañana siguiente se divirtieron mucho las grandes damas y elegantes señoritas en cocinar la comida, y los grandes señores en servirla. Pero la burla pareció pesada cuando se hizo diaria y forzosa. Porque no había remedio: ó se guisaba por las propias manos ó se ayunaba. El apuro apretó más cuando acabaron los víveres, que acaban de prisa entre gente glotona y acostumbrada al despilfarro. Fué preciso matar, pescar, coger frutos y siembras. Y era de ver á los señorones convertidos en matarifes, carniceros, pescadores y hortelanos, mientras el oro inútil yacía apilado en los sótanos. No fué el trabajo castigo único de la soberbia dorada. Sobre trabajar como negros para hacerse con, sus desmañadas manos los oficios y menesteres más ruines, los poderosos se aburrían solemnemente en las horas de descanso. ¿Para qué les servían aquellos hermosos Salones destinados á deslumbradoras fiestas? ¿Dónde estaban aquellos teatros, casinos y campos de deportes donde antes pasaban ociosamente los días y las noches? Como los artistas son al fin asalariados orgullosos, y allí no podía vivir gente asalariada, quedó proscripto el arte, recreo de los ojos, entretenimiento del oído y consolación del ánimo. Y el tedio consumía á la colonia, mientras las monedas de oro, no apiladas ya en los sótanos, porque la codicia les perdió el cariño, sino tiradas en las calles, servían de juguete á los chiquillos. De ellos tomaron ejemplo los grandes, y también jugaron. El vicio suele ser socorro del fastidio y remedo del placer. Pero los desgraciados poderosos no encontraron tampoco goce en ios azares del juego. Faltábales la emoción del interés. Los gananciosos no se alegraban; porque ¿qué iban ganando con unos redondeles de meta) Los perdidosos no sentían la pérdida por la misma razón. Veían pasar las monedas de unas á otras manos, como si jugasen arenas de las playas, que rio más valor ni precio tiene el dinero cuando no representa necesidades cumplidas, placeres, comprados ó caprichos satisfechos. El hambre es gran domadora de la altivez, y al fin el hambre del estómago, y más del espíritu, venció á los altos, que habían soportado fatigas y privaciones sólo por el orgullo de no confesar las necesidades. Los que se apartaron de los pobres, diciéndoles: no necesitamos de vosotros comprendieron que en esta guisa eran tan pobres como los más míseros, y que la riqueza sin empleo viene á ser pobreza sin andrajos. Allanáronse, llamando á los pobres para completarla vida, que es una y redonda como el globo en que la vivimos. Quien la trunca, la mata, como quien, pretendiendo que viva por sí la cabeza, la separa del tronco; mueren ambos. P o r caso inesperado y enseñanza sorprendente sucedió que sólo cuando los pobres entraron en lá isla, los ricos se sintieron verdaderamente ricos, y mientras no funcionaron los pies y las manos de los indigentes, no rigió ni brilló la que se llama cabeza da la sociedad. Y es que unos y otros conreinan necesariamente en el mundo, sea con corona de oro, S T con corona de espinas. i- itcciiio SELLES niBUJCS DE MÉNDEZ B INUA