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MESARLVUCLTA ¿Cómo no sirven guisantes? -Señor- -le contestó, -había tan poquitos, que el pinche, creyendo que eran los que habían sobrado... se los ha comido. ¡Cómo! Que se presente inmediatamente- -gritó encolerizado. Ei pinche compareció más muerto que vivo. ¿Qué tal te han sabido los g uisantes. -le preguntó con ironía. Y el muchacho, con la mayor ingenuidad, contestó: ¡Oh, monseñor! Riquísimos. Desarmada la cólera del mariscal con aquella sencillez, se repuso, y dijo: -Bueno... pues que te den un buen trago de vino oara que no te hagan daño. p AZÓN DEMÁS Un cardenal pedía cierto favor al pon tífice Paulo III, y como la petición no era muy justa, resistíase el Papa á otorgarla. El cardenal entonces, para obligarle, le dijo: -Vuestra Santidad sabe muy bien lo mucho que yo trabajé para que fuera Papa. Paulo I I I contestó: -Razón demás para que me dejéis que lo sea. N MARISCAL DE POCO SESO Durante el sitiodeI, andrecies, el mariscal I, a Feuillade cayó herido de iin balazo en la cabeza. Dijeron los cirujanos que la herida era peligrosa y que se le veían los sesos. -Pues bien, señores- -dijo el mariscal. -háganme el favor de tomar unos pocos con limpieza y envíenselos, viva ó muera, al cardenal Mazarino, qué siempre anda diciendo que no los tengo. L RELOJ DE LA DUQUESA En la tertulia de la duquesa de Maine se entretenían los concurrentes ea adivinar las más imperceptibles diferencias entre varios objetos propuestos. La duquesa, cuyo talento para la conversación era incompa rabie, preguntó un día al cardenal de Polignac: ¿Qué diferencia hay entre mi reloj y yo? -Vuestro reloj- -contestó el cardenal con tanto iii,i; nio como galantería- -nos recuerda las horas, y vos no las hacéis olvidar. OS WlGHS Y LOS TORYS Hablábase un día delante de Luis XV de los partidos políticos ingleses conservadores y liberales, los torys y los wighs, y el Rey le dijo al señor de Vergennes: -Hacedme el favor de explicarme la diferencia que hay entre un wigh y un tory en Inglaterra. -L, a diferencia es muy clara, señor- -contestó el ministro, -los torys son wighs... cuando están en la oposición, y los wighs son torys cuando están en el Poder. 1 A COSECHA INESPERADA Pasaba revista Luis XIV á sus guardias franceses y suizos en la llanura de Guille, cuando un labrador que había sembrado guisantes en sus tierras, las encontró aquel dia cubiertas por un batallón de suizos que pisoteaban la plantación, y en seguida se puso á gritar con toda la fuerza de sus pulmones: ¡Milagro, milagro! Tanto gritó, que el Rey le hizo llamar, y le preguntó ué milagro era aquél. ¡Ah, señor! -contestó el aldeano, -es que yo había sembrado guisantes en esta tierra y me han salido suizos. Hízole reir al Rey aquella salida, y mandó indemnizar generosamente al labrador. oULLY Y LOS CORTESANOS El duquede Sully, retirado á su casa de ViUebou después de la muerte de Enrique IV, fué invitado á un Consejo, y se presentó en él con una espesa barba y un traje pasado de moda. Los jóvenes cortesanos de Luis X I I I empezaron á cuchichear al verle, burlándose de él. Aquella descortesía era demasiado molesta, y Sully dijo al Rey: -Señor, cuando el Rey, vuestro padre, de gloriosa memoria, me hacía el honor de consultarme, no empezábamos á hablar de negocios sin hacer salir antes de la cámara á los bufones de la corte. CANTARES I L U S T R Ó O S U E El juego lleva á la horca, la bebida al manicomio, la ociosidad á n asilo y el amor... al matrimonio. L Se oyó el silbido del tren, nos dimos un tierno abrazo, y ella se marchó riendo mientras yo quedé llp- ando.