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1 f n sol lunilno so envuelve en sus r e f l e j o s amarillos el palacio de los duques de Rollan, y sus grandes ventan as y espaciosos salones parecen más g r a n d e s en la f r a n c a claridad de la tarde. El oro de los estucos, los antiguos gobeiinos, los retratos de familia, el brocado de las cortinas, las porcelanas de Sevres y los bronces y mármoles artísticos contribuyen á dar m a y o r esplendor ala regia m o r a d a cuyas puertas abiertas permiten á los invitados admirar el verdor delj ardín y el juego de sus aguas. Este h e r m o s o palacio, donde hoy habita la duquesa de Rhoan, es uno de los más aristocráticos de Francia, célebre, además de la noble estirpe de sus moradores, por ei selecto mundo intelectual que en él se reúne. L a d u q u e s a de Roban es hija de los marqueses del Périgord, qué fueron grandes mariscales de Vertillac y uno de sus abuelos, el marqués de la Roche du Maine, acompañó á Francisco I á Madrid durante su cautividad. Herminia de Vertillac se casó siendo muy jo ven con el príncipe I, eón, quien heredó el título famoso de su padre, de duque de Rohan, que- con tanto orgullo lo transmite la familia desde el siglo XI y el cual se hace notable en la Historia por una serie de abuelos heroicos. I a duquesa de Rohan, más que á sus pergaminos ama la, literatura, y sus versos, tiernos y delicados, le valen la estimación dé los intelectuales más notables. Sus tés poéíicós constituyen una de las fiestas de la aristocracia parisiense más selecta. En el gran salón del palacio, delante de la hermosa chimenea que ostenta preciososobjetosde. ar. te de la época de lyuis XVI se colocan los poetas jóvenes y ancianos, plebeyos y aristócratas, y les escuchamos declamar sus composiciones y sentirse felices al recibir los aplausos de un auditorio compuesto de mujeres elegantes y de hombres enguantados. El príncipe Colonna Fecca recita sus versos con dignidad y ademanes lentos; en seguida la Sra. Dorchain, los del poeta Dorchain, y pone su alma en la declamación; tiembla y palpita de emoción. Abel Bonnard, el joven poeta á la moda autordeZíJFamüiers, se deja escuchar y recibe una ovación déla asistencia. La señ o r a Guillaime Beer (Jean Dornis) nos declama otras poesías de Bonnard, y el público la escucha con placer. La duquesa r e c i t a su Sinfonía nocturna, y todos admiran su gracia, la dulzura de su fisonomía y el arte de s u declamación. Durante les pequeños i n t e r valos que nos dejan los p o e t a s disfrutamos de la espiritual conversación de la señora Le comte du Nauy, autora de Amiiié amoureuse y escuchamos la amena plática de la b a r o n e s a de P i e r r b o u r g conmg; Veye de Vaya. Helena V a c a resco (autora de Reyes y Reinas que he conocido) nos deja escuchar sus versos apasionados. La señora Judit Gautier cede á un joven la lectura de sus poemas ea prosa traducidos del japonés. Sentada en un sofá se ve á una anciana venerable, es la condesa de la Roche Gouyon, y cuando recitan sus versos, llenos de alma juvenil, de amor y de entusiasmo, sus ojillos azules se animan y una sonrisa apenas perceptible se dibuja en sus finos labios. Las señoras Lucie, Félix Fáure, Goyau, Marcelle Tinayre, Alfonso Daudet y la condesa Jean de Castellañe contribuyen con su fama literaria á dar mayor esplendor á estas recepciones en las que los nombres más aristocráticos de Francia se confunden con los de los más ilustres escritores. Un grupo menos intelectual se reúne en el comedor y en las demás salas; allí vemos á la princesa Murat, á la condesa de Riancey, á la marquesa del Muñí, á la princesa de la Tour d Auvergne. La duquesa de Rohan prodiga sus atenciones álos invitados, feliz de verse rodeada de amigos y escritores que la admiran y del afecto de todos, eu general, porque jamás gran dama alguna ha sabido demostrar mayor bondad ni conquistarse mayores simpatías. Sus principales libros son: Lucióles y Lande fleurie, los que encierran una colección de versos que cautivan por su suave y conmovedor encanto. EVANGELINA